
Decimos y repetimos que los adultos no están educando. No cumplen con su función de ser tutores, que ayudan en el proceso de maduración de las crías humanas, sean familiares o no, para que ocupen su lugar en una sociedad renovada. Entonces.. ¿qué hacen los adultos?
Analicemos lo que pasa con el pequeño salvaje de Aveyron, en su relación con el médico/educador que lo atiende. David tiene un retraso motor considerable, de andar a cuatro patas y con movimiento muy reducido… no sabe andar básicamente. Ni siquiera ser bípedo.
El ambiente salvaje lo ha llevado a no desarrollar su capacidad motora, la función de relación que viene marcada en sus genes biológicos. Lo mismo podía ser si lo tuvieran encadenado en un caseto, como le pasa a algunas crías humanas, en sus casas paternas. No es tan raro. Es un combate entre la genética biológica y la «genética» social. Aunque, en este caso, lo provoque el ambiente natural, donde David se ha criado como infante humano.
Pero esa crianza ha influido en su mente, al hacerle ver que era incapaz de caminar bípedo. El médico es la influencia positiva de un gen social, ya que le ayuda a recuperar su capacidad de maniobra. Mientras que el gen social negativo lo incapacita, provocándole una autoestima muy baja, la ayuda del médico le permitirá «volverse humano». No olvidemos que el médico le enseña a hablar y a escribir, entre otras muchas cosas. Para ser capaz de relacionarse con los demás seres humanos, la que es una de las capacidades humanas más importantes.
Pero todo el proceso educativo (no simple domesticación) tiene su final, si los adn sociales de la población donde reside se ponen en su contra y deciden que se vuelva salvaje de nuevo. Será el triunfo de la contraevolución.
¡Anímate!