
Y no es que precisamente aparezcan piedras a lo largo del camino… lo que aparecen son cambios, a veces muy pequeños, fáciles de evitar, pero, otras, son cambios profundos… auténticas mutaciones en el proceso del ser vivo que debe nacer. Y esto ya empieza mucho antes de que ni siquiera seamos un feto!!!
Y antes, también, de que la influencia externa al embrión vaya a provocando otra serie de cambios, que no son del todo genéticos (no vienen de los padres), pero sí supondrán un cambio en las características fenotípicas de ese embrión. Hay muchos factores externos, pero en este momento de la reflexión resaltamos dos, por lo habituales que son : el tabaco y el alcohol. El destroza cerebros y el destroza pulmones, ni más ni menos.
Las madres fumando o bebiendo alcohol… y para el tabaco llega con ser fumadora colateral… son el primer ejemplo de que la sobrevalorada igualdad madre = cuidadora natural de sus hijos, no siempre se cumple. A veces la madre es la primera enemiga de su hijo… y, para colmo, lo puede ser autoengañándose , como si ella no pudiera evitarlo (que si el contexto, su depresión crónica…). Y estamos así en el meollo de la sociogenética : el comportamiento humano durante el embarazo, tanto el de la madre como el del hombre. Porque «no hacer» es también hacer.
De la mórula, una vez alcanzada esa masa crítica de células “cigóticas”, se pasa al blastocisto, esa fase final de la proliferación celular, que podemos visualizar en la imagen. Primero se da un cambio gradual, muy gradual, solo cuantitativo y que dura pocos días… enseguida viene el cambio cualitativo que hace pasar de la mórula al blastocisto (blástula)… lo que ya podemos considerar el grupo de células específico, para formar el verdadero embrión, que viene a ser el preámbulo del feto.
Pero esta preparación para formar un embrión que pueda derivar en un feto humano, no es tarea simple. Como nos explica el fenómeno de la gastrulación.
¡Anímate!