
Y por ese motivo… y volvemos de nuevo al inicio del blog… es tan importante experimentar la visión, lo más profunda posible. Para vernos y para ver a los demás… aunque sea un simple helecho. Pero no llega con verse, hay que comunicarse… hay que hablarse (como sea).
Tenemos que observar la realidad, para orientarnos por ella, sabiendo por donde pisamos… y con quién. Lo que requiere tener un lenguaje para comunicarnos los otros. Y caminar con reglas propias, coincidan o no con las normas sociales que tratan de imponernos ya desde la cuna. O del pajar donde nacimos, si no hemos tenido cuna, ni siquiera heredada. Pero todo eso se tiene que hablar.
Porque las reglas sociales deben permitir nuestra maduración natural y libre. Si no NO VALEN. Deben permitir que se nos vayan fijando los genes sociales positivos, que son los genes biológicos reforzados por su maduración social. Pero las reglas que impiden es maduración natural y libre, que las hay (y muchas), deben ser borradas del mapa que describe el comportamiento social del ecosistema donde vivimos.
Como tanto repetimos, ese es precisamente el objetivo principal de nuestra etapa adolescente. Ir llenando nuestra mochila mental con las herramientas precisas para llevar acabo la regeneración social.
Y es por eso que los adultos no tragan a los adolescentes, por mucho que presuman de lo contrario. Los nuevos helechos no son despreciados por sus hermanos adultos… las criaturas humanas sí. Despreciadas y temidas al mismo tiempo.
¡Anímate!