O, más modernamente, en un simple… OBJETO!!!

Decía un tal Quevedo que aquella persona era un hombre a una nariz pegado… tú puedes quedar representado por el paraguas que siempre te acompañó.

Como pasaba en Hirosima, que solo podía encontrarse, como resto de vida, algún objeto destrozado, fuera un coche de juguete o un coche de verdad.

Y es que, como bien explica un tal Marcuse en El hombre unidimensional, acabamos siendo un simple objeto… que pasa a simbolizarnos y, lo que es peor, a veces, a anularnos dimensionalmente.

Nos hace una caricatura de nosotros mismos, cuando no una simple frase, palabra, e incluso un punto, en la descripción de nuestra propia realidad.

Es cuando llegamos a notar esa sensación que decía el Kundera, sobre la insoportable levedad del ser. O, en modo más gráfico, nos habla un Kafka de como nos mudamos en un puto insecto indefinido.

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