Etiqueta: existencia

  • Porque TODO lo tenemos que aprender…

    Ah, la boca!!! No solo es la entrada de la comida y el mecanismo que puede recoger las vibraciones de las cuerdas vocales, para poder hablar. 

    La boca es la primera parte del cuerpo humano que recoge y expresa diversas sensaciones, cruciales para su maduración… Como chuparse el dedo, preámbulo de chupar la teta materna… y, tan importante como eso, permite ir poco a poco reconociendo nuestra propia existencia. Porque ese dedo trasmite sensaciones al cerebro y eso va poniendo en contacto las diversas partes del cuerpo de un feto. Y todo esto, evidentemente, es lo que vamos aprendiendo como feto. Nos hace semiconscientes de nuestra propia existencia. Aún no podemos pensarnos tal como nos dice Descartes, pero ya es una buena aproximación.

    Este aprendizaje, incluso va a tener un componente sexual. Y será además muy importante, para conseguir tranquilidad ante una situación de estrés.

    Y por eso es normal , que un bebé, en una de sus primeras fases de autoconocimiento, se toque tanto con los dedos su propio ano. Haciendo de él una zona tan importante como la boca, le gustará tocarlo, hasta que aprende  a diferenciarlo, no solo por ser “de salida”, sino por la porquería que sale. Algo que también pasará con el pene, ya que le proporciona un atisbo algo más sexualizado… que recuperará en su pubertad.

    Pero, lo dicho ya en una entrada anterior… ¿De dónde sale la sonrisa de la hija, si no ha visto nunca sonreír a su madre (sea artificial o natural)?

  • Y puede viajar de la NADA a la NADA…

    Porque el ser humano, nada es antes de ser concebido por la unión de un espermatozoide y un óvulo… porque, de nada vale valorar como existentes las células reproductoras primigenias. Que sí existen, pero de tal manera que ellas, incluso fusionadas, no son un ser humano.

    Como mucho son la potencia aristotélica, que, antes de hacerse acto, no existe realmente. Como mucho es una simple idea (de ser humano).

    Pero es que, además, nada es el ser humano, una vez que la muerte le hace desaparecer en la nada. Pasa a ser una idea (recuerdo) en la mente de los supervivientes.

    Antes no había un yo. Y después tampoco lo puede haber… o, como mucho, habrá un yo diluido en la nada, si tu religión te hace creer en tal posibilidad.

    Y ¿qué puede ser la nada sin un yo que la pueda determinar (mentalmente), frente a la existencia del ser humano, que ha conseguido, precisamente, construir ese yo?

  • O, más modernamente, en un simple… OBJETO!!!

    Decía un tal Quevedo que aquella persona era un hombre a una nariz pegado… tú puedes quedar representado por el paraguas que siempre te acompañó.

    Como pasaba en Hirosima, que solo podía encontrarse, como resto de vida, algún objeto destrozado, fuera un coche de juguete o un coche de verdad.

    Y es que, como bien explica un tal Marcuse en El hombre unidimensional, acabamos siendo un simple objeto… que pasa a simbolizarnos y, lo que es peor, a veces, a anularnos dimensionalmente.

    Nos hace una caricatura de nosotros mismos, cuando no una simple frase, palabra, e incluso un punto, en la descripción de nuestra propia realidad.

    Es cuando llegamos a notar esa sensación que decía el Kundera, sobre la insoportable levedad del ser. O, en modo más gráfico, nos habla un Kafka de como nos mudamos en un puto insecto indefinido.

  • E incluso existe la posibilidad de ser…

    … un muro filtrante de un solo humano!

    Que nos puede despistar por ser poca gente, pero puede estar formado por alguien incapaz de negociar el paso, forzando a tener que hacerlo por encima de su cadáver. Vamos el típico fanático de mierda.

    Y, como pasaba con los muros de piedra, el hecho de tener muchas piedras acumuladas no significa que atravesar el muro sea más difícil. A veces la eficiencia en obstaculizar el paso, como en todo, va a depender de la profesionalidad del que debe impedir tal paso. Hay gente muy muy profesional en su cometido. O muy fanática. ¡Muchísimo más que el granito!

    Y aquí es donde el «mirar a los ojos del muro», sobre todo si está formado por personas, puede mejorar o no la posible solución. Porque , como tanto repetimos, tú puedes llegar a ver algo dentro del otro. Pero si el otro no quiere ver en ti más que lo grabado en su mente por su amo, entonces ni el granito ni el acero pueden ser obstáculos peores. Como tratamos de decir continuamente, lo del muro es jugar a ser filtrado, pero siempre a nuestro gusto (no el de quién puso el muro).

    Porque esto del muro filtrante es algo que pasa mucho con ese tipo de profe, que empieza a «dar su clase», sin antes procurar algo de confianza con su alumnado. Por ejemplo preguntándoles «cómo están», y mirándole a los ojos, ya de paso.

    Se llama instaurar una cierta confianza, en vez de instaurar una especie de muro filtro invisible entre el profesor y su alumnado. Ese muro filtro que ayuda, volvemos a repetirnos, a que sea invisibilizado en el aula un alumnado diferente. Incluso para el resto del alumnado de esa clase, si el profe es muy persistente.