
O lo intente, por lo menos.
Como hace el caballero de Bergman en El séptimo sello, cuando trata de retrasar su muerte con toda la pachorra del mundo. A fin de cuentas, ¿que más da jugar una partida de ajedrez con la misma Muerte, y no con el típico colega del bar?
Y jugar con la muerte no es precisamente invitarla a que viva cerca de ti, esperando que falles en cualquiera de tus descabelladas aventuras cotidianas.
O sí… pero, entonces, tendrás que estar bien pertrechado, para que te lleve en cualquier momento en que te pones en peligro.
¿Por qué sorprenderse de su visita, en ese caso?
¡Anímate!