
Ya que, como insinuamos ayer, suele ser la otra, es decir la hembra, la que debe pandar con ser relegada allí donde manda el macho… sea en la casa doméstica o en el lugar de trabajo. De hecho, con la casa, como diría ET, ellos dicen «MI casa».
El enclaustramiento solo lo padece la hembra. Ya llegaremos a si lo padece también el macho transformado en mujer. En caso de que sea un fenómeno social que perdure (el enclaustramiento).
Se llega a decir que «la mujer en la cocina… y atada a la mesa si es posible». Y, para algunos (quizás aún demasiados) parecerá un dicho popular algo exagerado.
La imagen lo dice todo. Representa una familia caciquil franquista, bien guardada por la Guardia Civil a la salida de la misa del domingo… donde, seguro, han comulgado todos… pura parafernalia nacionalcatólica, que durante 40 años tuvimos que sufrir los españoles demócratas.
Y sí, toda dictadura tiene final, menos la opresión del macho sobre la mujer, que ni su horizonte lejano de liberación se puede atisbar.
¡Anímate!