
… que deja a la hembra humana, sin un órgano fundamental para su función vital de relación. La cambia corporalmente, al despojarla de su sexualidad (la parte básica), pero, aún mucho peor, le destroza su sexualidad mental. Aquí tampoco hay disimulo, lo que hay es maltrato.
La convierte en una eunuca… y todo basado en una asquerosa tradición, es decir, un determinado adn social negativo, totalmente feminicida.
Y , si comparamos con el proceso de intervención «homólogo» masculino, podemos calibrar muy bien el profundo toque machista de esta mutilación ejercida sobre el cuerpo de la mujer. Más machista aún si consideramos que la violencia es ejercida por mujeres (adultas) sobre otras mujeres (crías). El colmo del machismo… y un claro ejemplo del Síndrome de Estocolmo Machista Clandestino, que sufre la mujer y que tanto denunciamos en el blog.
En este caso no existe la excusa de la limpieza…y además, se está ejerciendo una violencia mutiladora, la extirpación de un órgano sexual, para evitar que la mujer pueda ejercer su capacidad genética (biológica) de sentir placer, cuando tiene relaciones sexuales. La convierten en una especie de máquina, para quedar embarazada, sin que pueda disfrutar del acto sexual, de una forma plena.
Lo que convierte a toda relación sexual entre hombre y mujer en un acto de violación, sea con bendición eclesiástica o sin ella. Y hace que la hembra sufra (no viva) el acto sexual, como si fuera un simple agujero inerte.








