
Y sí, ya sabemos que el amigo John Wayne, su personaje, no es precisamente muy amigo de los nativos usamericanos, los famosos indios piel roja de la pelis del Oeste, que amigo Colón hizo asociar a los hindúes de la India. Pero nos vale para ilustar esta entrada perfectamente. Eso sí, con cierta dosis de ironía.
Además, porque muchos estuvimos enamorados de Natalie Wood, incluso antes de ser la María de Wes Side Story… como olvidar su explosivo esplendor en la yerba o conquistando al alocado James Dean.
Pero eso son simples detalles de un gen social positivo, que nos fue injertando la visión incansable del cine hollywoodense.
Lo que sí pertenece a nuestro ADN es el afán que tenemos, por plasmar en la realidad, ese concepto de belleza que tanto dio que hablar al amigo Sócrates, aunque fuese incapaz de concretarlo en una simple frase de cuatro palabras.
Por la contra Natalie nos lo dio completamente hecho, aunque fuera con la manipulación inevitable de un Hollywood, muy amigo de vitorear una belleza del tipo clásica griega, pero con un toque rubens/marilyn, en las zonas corporales femeninas más sobresalientes. Eso si que lo podemos integrar en la parte negativa, parcialmente, de nuestro gen social (aprendido). Una idealización de la figura femenina, que tanto dolor podrá causar en nuestra adolescencia.Todo lo contrario de ese machote tipo Wayne, que acabó simbolizando el típico hombre duro del Oeste Usamericano. Arquetipo del macho, que lleva injertado, como gen social negativo, una buena parte de los espectadores de películas como esta (Centauros del desierto).
¡Anímate!