Porque al verdadero amor… no se le pueden poner LÍMITES

Y no es un problema de amar, o de quien tiene la verdad… es solo un problema de no confundir afecto con envidia, pasión, malquerer… o cualquier otro sentimiento con el que podemos disfrazar una simple emoción de egoísmo profundo, e incluso de odio al prójimo. Pero los límites de que hablamos son los que intentan cortar el camino de diversos tipos de amor, que puede desarrollar la mente humana (no su corazón).

Nada que ver con los falsos amores abrahámicos como el de matar por amor. Sea a tu hijo o a tu enemigo. Incluso al que te acaba de matar a un hijo, aunque, en este caso, es totalmente humano (no somos máquinas) que queramos tomar la justicia inmediatamente.

Porque no puede ser humano matar al prójimo, pero sí es totalmente humano, racional y emocionalmente, defenderse de quién te ataca… se llama sobrevivencia… e incluso, como dijimos, atacar a quién te ha arrebatado una parte importante de tu vida… no deja de ser un acto de defensa con cierto retraso temporal. Si bien, en este caso, conviene pasar su idea por el tamiz de nuestro raciocinio. La venganza por sí misma puede acabar en un pozo sin fondo.

Defenderte a ti o a otro ser humano, es un deber que viene escrito en el ADN que va a conformar tu mente. Solo un fuerte lavado de cerebro, te puede obligara a poner la otra mejilla, cuando alguién te está atacando. Ahí no prevalece Jesús sino el ADN. Si la naturaleza decide hacernos más cristianos (del Cristo original), ya lo hará escogiendo mutaciones más «amigables» (o más imbéciles, según se mire). Por lo de ahora, un hijo es la única garantía de que seguirá existiendo un ser vivo humano. ¡Y nadie, nadie, puede robártela !

Pero la venganza en frío proviene de otro lavado de cerebro, donde el amor ha sido desterrado. Es decir, fue suplantado por el gen social negativo del odio. Pensemos que, el instinto animal, no tiene cabida par el odio humano.

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