
Como fue el caso de la Beatrice a la que tanto amó, virtualmente, un gran poeta como el Dante. Lo que se puede considerar la cuna del amor platónico, tal como lo conocemos hoy.
No necesitas ver que existe realmente, te la imaginas y ya está. Como la china de Andrés en La lengua de las mariposas, de hace días.
Con una imaginación muy potente podemos hacer que tome cierta dosis de presencia, hasta el Amado Dios de San Juan de la Cruz. Y sí, conviene releer su poema, por enésima vez.
Porque el misticismo necesita ser leído mientras estamos situados en la mitad de la escala (al cielo). Como buenos gallegos, que no se sabe si suben o si bajan, conviene deleitarse al mismo tiempo de lo terrenal y de lo celeste.
Nada bueno sale de una relación amorosa, donde se pone al amado por encima, en un altar, al que nunca llegaremos con nuestras caricias terrenales. Es lo mismo que si nos situamos por encima de él, muy por encima, allí donde nunca podrá llegar, porque le falta nuestra ayuda afectiva (para transcender algún escalón más).
¡Anímate!