
De crías humanas nos gustaba jugar con las llamadas mariquitas, aunque los machotes no lo tenían tan a bien, por considerarlo un juego «de niñas».
Pero se trataba en esencia de vestir a unas figuras humanas recortadas, con piezas de ropa, también recortadas.
Era como transformar una idea en algo de carne y hueso. Fueran princesas o simples muchachas campesinas… suponía manipular con tus manos (y tu mente) la realidad que, estando a tu alrededor, podía ser difícil de aprehender. Por ejemplo esa chica que te gustaba al salir del cole.
Porque antes de empezar a operar los genes sociales, se ponen en marcha los biológicos y, esos, ya nos vana a indicar en cierto modo un posible camino de avance.
Un posible avance, que será anulado por el injerto temprano de los genes sociales negativos. Porque los genes sociales positivos no neutralizan nada, solo favorecen un mejor avance madurativo. Es como abonar la tierra. Mientras que los negativos, dificultan esa maduración natural. Es como un pesticida selectivo.
¡Anímate!