
O sea, que el poder se hace tan intenso, que nadie podrá hablar sin el permiso de quien detenta ese poder.
Porque detrás de todo poder siempre hay un ser humano. Aunque pueda que de carácter realmente humano tenga muy poco.
Y da igual pregonar que busca la justicia para todos, o para él solo, lo que realmente busca es engrandecer su poder, como el heroinómano trata de aumentar su dosis diaria de caballo.
Porque la adicción al poder te impide descabalgar cuando tú quieras. De hecho vas a hacer lo imposible, por muy terrorífico que sea, para impedir que te descabalguen. Matarás a tu madre si es preciso.
Porque no hay tratamiento posible para desintoxicar a un dictador. Llega un momento que la sumisión de los demás es más importante que la riqueza o el poder de hacer una guerra. Lo único que le puede neutralizar el mono de poder, es ver como se arrastra delante de él todo bicho viviente, sobre todo si presume de pensar y tener conciencia. Porque la única conciencia que puede sobrevivir, al mono totalitario, es la suya. Los demás solo pueden depositar su fe en él.
¡Anímate!