
Porque el poder se hace con la mente del poderoso que lo detenta en modo absoluto… convirtiéndolo en un adicto al poder. Acaba siendo, en cierto modo, una máquina irracional, como los súbditos que él controla mediante su maquinaria social global : el estado. Sea este nazi o soviético. Ellos son piezas básicas de la máquina opresora que conduce el dictador.
Y sí, tanto Hitler como Stalin son dos buenos ejemplos de dictadores brutales, que se deleitaron masacrando a pueblos enteros, para su mayor gloria. Y, lógicamente, enriquecimiento personal.
Pero alguna diferencia tienen. Hitler se levantó para glorificar a la raza aria, haciendo una selección de los que no pertenecieran a ese colectivo. Incluso si eran arios pero comunistas, se merecían igual la muerte.
Pero papá Stalin se levantó en armas, para liberar al proletariado y conseguir una sociedad comunista, donde la justicia social sería algo casi natural. Y por la contra, fue un sanguinario dictador, que impidió siquiera que la Unión Soviética, fuera una sociedad mínimamente libre.
El avance social inicial, fue derivando hacia una discriminación clara, en función de la discrepancia con el dictador. Hasta conseguir que fuera apareciendo un colectivo muy amplio de fanáticos seguidores, que fueron los que poseyeron los medios de producción estatales. Los soviets revolucionarios fueron mudando en colectivos de dirección (y apropiación) de esos medios de producción. Generando así una nueva clase burguesa (la «soviética», también llamada nomenclatura), mientras el resto del enorme y muy variado pueblo soviético, nunca homogeneizado democráticamente, se las veía para alimentarse de pan y, ya no digamos, de libertad. Porque la libertad, al revés de lo que creía Lenin, sí alimenta, incluso sin el pan, pero pudiendo tomar al menos aire libre.
¡Anímate!