Y eso del fenotipo hace que haya mujeres… de muchos tipos

… algunas, incluso, son mujeres libres. O, por lo menos, luchan a fondo por serlo!!!

Y, si no, que se lo pregunten a todas las que lucharon contra el fascismo. No solo para liberarse ellas, sino también a sus compañeros hombres. Y es que entre los grandes disfraces está uno muy peculiar (y muy peligroso) : el de verdadero o falso revolucionario.

Y como la mujer es siempre más auténtica, su fenotipo es muy potente, también son las que llevan la peor parte. Porque este tipo de mujeres también creyeron en un falso tipo de liberación. Les habían enseñado que haciendo una cosa llamada revolución, ya serían libres. Pero no les contaron que ese proceso revolucionario lleva más tiempo del que se espera y, sobre todo, va dejando por el camino demasiadas ilusiones. Entre ellas las depositadas en muchos hombres, que presumen de revolucionarios, mucho más de lo que pueden dar de sí.

Por eso las revoluciones no necesitan demasiada imaginación, solo la mínima, el resto es tener conocimiento de como impulsarla cada día, especialmente en las horas bajas. O incluso en los meses. Porque las horas bajas, como las vacas flojas, son algo inherente a todo proceso de cambio.

Se necesita estar preparado para adaptarse al cambio. Y para eso no llega con la capacidad de adaptación que nos marca el ADN. Es indispensable haberle dado la maduración necesaria, en forma de gen social positivo, para que adquiera una fortaleza, que nos aguante en esas horas bajas revolucionarias. No podemos ser meros actores del proceso de cambio, típico del llamado pueblo en momentos de revolución social, tenemos que ser también autores de la misma. Con mayor o menor calidad, pero tienen que ser nuestras letras las que vayan escribiendo esa historia (nuestra). No vale traer guionistas de fuera. Aunque digan pertenecer a nuestra clase social. De eso ya decía algo nuestro Príncipe de Salina, cuando hablaba de su sobrino.

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