Sí, a decir NO…

… también se APRENDE.

Un apunte psicoanalítico, para reivindicar el arte y la filosofía del NO.

Se necesita un grado de madurez, que no se puede alcanzar en la infancia. Y para eso está la preadolescencia, la fase previa, que nos debe enseñar a abrir la puerta de la adolescencia, con la suficiente inquietud y pasión por construirnos como adultos.

Y aquí aparece el toque filosófico, pues fue el bueno de Aristóteles el que reflexionó sobre lo que supone el concepto de movimiento. Que no es otra cosa que el simple cambio de ser en potencia a ser en acto.

Es decir, en este caso, pasar de la potencia adulto al acto adulto. De ser en potencia a ser en acto (un adulto). Algo muy complicado y que nada nos asegura que sea un paso seguro.

Porque siempre nos podemos quedar siendo medio adultos. Los hay a montones, esparcidos por el planeta. Si pierdes tu adolescencia, que es lo mismo, como dice el Fromm, que perder tu libertad. Ya nunca serás un adulto completo. ¡Si no aprendes a decir NO, solo te queda ser un conformista!

Comentarios

2 respuestas a «Sí, a decir NO…»

  1. Avatar de xaqun

    Y por eso es muy ridículo, cuando los sabihondos de turno relacionan las dictaduras y el abuso de la razón… se nota que leyeron sobre la Ilustración Francesa, pero no supieron asumir ni la esencia de su discurso… NO puede haber uso de la razón sin disfrutar de la LIBERTAD!!!

    Estos sabihondillos confunden el uso de la razón con el uso de la mecanización neuronal, al servicio de alguna sociedad adulta perfectamente manipulada… y, a quien no se puede manipular, qué siempre los habrá, se le mata.

    Y por eso la sociedad adulta dominante (SAD) tiene muy claro que debe impedir el uso de la capacidad regeneradora, que tiene marcada genéticamente una cría humana. Especialmente cuando llega a su preadolescencia, para hacerlo así más fácilmente manipulable.

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  2. Avatar de xaqun

    Y por eso se inventaron los manicomios. Para impedir que el llamado loco, normalmente iniciando una adultez complicada, pueda ser libre, y así alcanzar de nuevo el uso de «su» razón. Es la filosofía de todo encierro punitivo, no resolver la complicación, solo contenerla, aunque así se complique mucho más.

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