
… «comernos el coco»?
Los malísimos alemanes (y eran bastante cabrones, desde luego) nos perseguían por el campo de batalla… y así dormíamos con la pesadilla de que éramos un soldado aliado a punto de ser masacrado.
Pero nunca aparecían los generales, de uno y otro bando, que decidían las guerras y vivían tranquilos en sus despachos. Como mucho tenían la foto de algún tanque (propio), colgada en la pared.
Y nunca aparecía el pueblo alemán, sufriendo la guerra, porque se suponía que todo él había cogido un arma para defender a su nefasto Führer.
No había colores en Alemania, todo era negro, o blanco cuando sus soldados pisaban la nieve. Nunca se explicitaban los matices existentes, humanos, como los que se dan realmente en un campo de batalla. Era parte del relato que nos querían contar.
Y eso que el franquismo seguía siendo admirador confeso, luego clandestino, de poder nazi. Pero seguro que la CIA ya andaba algo metida en el mundo editorial del tebeo español. ¿O no?
¡Anímate!