
… puede estar lleno de muchos matices.
Esa sinfonía de color que, a diferencia de la musical, nos entra por los ojos. Y no está compuesta por un tal Beethoven, por muy genio musical que él fuera, sino por una modesta naturaleza (sea lo que ella sea). Esa es la realidad que estamos a mirar. Y no cualquier otra, que nos podamos imaginar. Por lo que es vital que aprendamos a verla con la máxima calidad posible.
Porque miramos todos esos colores que la componen, tanto si son muy diferentes, como si solo varían en grado ínfimo de tonalidad, como notas musicales, pero no sabemos muy bien que hacer, en principio, con ellos… hasta que nuestras neuronas montan los circuitos precisos para darles un sentido. Y sobre todo, si ya fueron grabados en otro momento, los recordaremos con gusto, para una reelaboración más precisa o creativa de como suena esa sinfonía. Recordemos el papel fundamental de nuestra ROM/MOP.
Y tengamos en cuenta, que no nos pueden despistar lo que parece una falta de colorido, porque , como pasa en la música, el color «silenciado» está también ahí, para resaltar indirectamente el colorido melódico principal. El silencio que «no escuchamos» va a depender mucho de la nota anterior y de la nota siguiente… presenta «matices», aunque no los notemos fácilmente.
Hay que saber mirar bien para ver lo que miramos, como hay que saber escuchar bien, para disfrutar de lo escuchado.
Si hasta el blanco, que parece inmaculado, puede tener escritos decenas de mensajes muy ocultos. Con su multitud de tonos.
¡Anímate!