
… un muro filtrante de un solo humano!
Que nos puede despistar por ser poca gente, pero puede estar formado por alguien incapaz de negociar el paso, forzando a tener que hacerlo por encima de su cadáver. Vamos el típico fanático de mierda.
Y, como pasaba con los muros de piedra, el hecho de tener muchas piedras acumuladas no significa que atravesar el muro sea más difícil. A veces la eficiencia en obstaculizar el paso, como en todo, va a depender de la profesionalidad del que debe impedir tal paso. Hay gente muy muy profesional en su cometido. O muy fanática. ¡Muchísimo más que el granito!
Y aquí es donde el «mirar a los ojos del muro», sobre todo si está formado por personas, puede mejorar o no la posible solución. Porque , como tanto repetimos, tú puedes llegar a ver algo dentro del otro. Pero si el otro no quiere ver en ti más que lo grabado en su mente por su amo, entonces ni el granito ni el acero pueden ser obstáculos peores. Como tratamos de decir continuamente, lo del muro es jugar a ser filtrado, pero siempre a nuestro gusto (no el de quién puso el muro).
Porque esto del muro filtrante es algo que pasa mucho con ese tipo de profe, que empieza a «dar su clase», sin antes procurar algo de confianza con su alumnado. Por ejemplo preguntándoles «cómo están», y mirándole a los ojos, ya de paso.
Se llama instaurar una cierta confianza, en vez de instaurar una especie de muro filtro invisible entre el profesor y su alumnado. Ese muro filtro que ayuda, volvemos a repetirnos, a que sea invisibilizado en el aula un alumnado diferente. Incluso para el resto del alumnado de esa clase, si el profe es muy persistente.
¡Anímate!