
… como una invitación al vals?
Esos «muros», que ni lo parecen, porque te invitan a traspasarlos como si de una simple ducha se tratase. O bañarse amorosamente en un lago algodonoso, burbujeante. Te filtran de tal modo que crees haber pasado indemne, pero ya eres otro una vez pasado el muro.
Esos son los peores «muros». Porque en ese vapor de agua hay disueltas determinadas sustancias, químicas o digitales, que pueden controlar las decisiones que tomamos. Y pensando, para colmo, que son decisiones nuestras totalmente autónomas.
Parece que nos invita a bailar cómodamente, pero lo que hace realmente es manipularnos para seguir una marcha militar. Camino de la enésima guerra. O ir paso a paso, cumpliendo todas las norma sociales, las habidas y las por haber. Tal como mandan los adultos que controlan esa SAD de la que tanto hablamos aquí. En el fondo es uno de los típicos filtros sociales para acabar siendo un buen soldado. El que se rebele contra el poder acabará castigado.
Porque, desde que nacemos, hay unas normas sociales, en principio solo familiares, que nos obligan. Sí, que nos obligan porque no las escogemos libremente. Entre otras cosas porque aún no tenemos una posible libertad de acción.
Y no porque nos la nieguen nuestros padres, no, es simplemente la ley de la naturaleza (sea lo que eso sea): debemos ir aprendiendo poco a poco. Porque «de golpe» solo se aprende a morir más pronto. Y antes de aprender a morir, toca aprender a vivir. Se necesita tomar conciencia de uno mismo. Que no nos hacemos mayores, porque nos inviten al baile de graduación social. Es una soberana estafa emocional.
¡Anímate!