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  • Y las cosas pasan de un grupo de humanos a otro…

    Pues sí, exactamente igual que pasa la ropa de unos hermanos a otros, en las familias con dificultades para llegar a fin de mes.

    Las normas de la abuela, sus costumbres, serán sociogenes que pasarán a sus hijas, que serán madres de sus nietas… y a las que le pasarán esos sociogeens recibidos de la abuela. No viajan en células, sexuales o somáticas , pero viajan… como elementos inmateriales, injertados en la mente de tu abuela. Nada más nacer, ya que será bombardeada con ellos… o durante el resto de su vida, en momentos de caos y dolor, por ejemplo una postguerra. Siendo casi imposible evitarlo.

    Y así pasar de madre a hija y de hija a nieta… cerrándose un ciclo , que resulta muy difícil de romper, aunque no sea imposible..

    Sobre todo un cambio sucesivo de ambiente , puede favorecer que todo este tipo de injertos se hagan en condiciones altamente inestables…. y , por ello, vayan perdiendo fijación. Sobre todo si alguna de ellas cae en un ecosistema, donde resulte muy difícil superar los cambios producidos respeto del ecosistema anterior.

    Si comparamos con los mecanismos epigenéticos, que sufren los biogenes, para tener mutaciones, estamos hablando de unos mecanismos episociogenéticos… con la salvedad, de que los injertos son mucho más fáciles de intervenir que en los biogenes… podemos decir que el grupo metilo epigenético, puede ser un amigo, adolescente o adulto, que consiga entrar en su mente de forma natural y libre, neutralizando el sociogén correspondiente… porque ya tenemos dicho muchas veces que el biogén de la libertad , por ejemplo, es demasiado persistente.

  • Pero… Volvamos a las crías de la segunda fase…

    Unas crías humanas están jugando… lo que no le gusta a mucha gente adulta, o, al menos, si no juegan como «quieren ellos» (los adultos).

    Y es que entramos en una segunda fase , que decimos por aquí. Una fase de maduración para una cría humana, que nada tiene que ver con las fases de maduración de un infante, que se manejan por ahí, entre los estudiosos de la infancia. Sobre todo en la llamada educación infantil.

    Ya dijimos hace días, que, en este blog, se maneja otro tipo de fases. Y la primera es de los 9 meses a dos años, más o menos. Y ahora toca la segunda, que abarcaría de tres a seis años, igual más o menos.

    Debemos tener en cuenta que cada ser humano tiene una forma diferente de madurar, unos van más rápido y otros van más lentos, aún estando en el mismo ecosistema. Porque, para eso, decimos que el ambiente ayuda a moldear al ser vivo, de tal forma, que puede acabar siendo muy diferente en un medio, de como lo sería en otro medio distinto. Siempre resultaba chocante la anécdota que usábamos en clase, sobre la maduración temprana de las preadolescentes tropicales.

    Así que vamos a estudiar, a partir de ahora, como es la historia de los biogenes y sociogenes, en esta segunda fase de maduración.

  • ¿Para qué la vista?

    Uno de los sociogenes negativos, que procura la SAD injertar, lo más rápido posible, en las crías humanas es el que podíamos llamar «de las anteojeras»… o el filtro de la vista selectiva. El que solo nos deja ver, lo que quiere que veas la SAD. Y al final nos acostumbramos tanto a él, que, si nos preguntan decimos que eso no nos interesa verlo. Que son cosas de típicos disidentes irracionales (antipatriotas…).

    Y ya deberíamos saber que ver es mucho más que mirar, pero conviene que resaltemos bien que, para ver no llega con tener un buen cerebro… también hay que tener las ganas de que funcione como es debido.

    Por ejemplo, para notar, si algo impide nuestra visión… incluso con algo tan burdo como unas simples anteojeras de caballo. O unas gafas, que filtran determinadas escenas de la realidad, para ser más tecnológicos. Así que, aprovechemos que el feto aún no ve, para hacer hincapié en que, la vista, no es el único sentido que tenemos.

    Hemos hablado antes del sentido del oído, algo que, ya de feto, conviene desarrollar como si no hubiera un mañana.

    La curiosidad y la necesidad de defenderse del medio, nos hacen notar todos los cambios que se producen en nuestro entorno, para ir madurando una red de circuitos neuronales, aunque sean muy simples por ahora. Pero todo producto tiene un inicio. Porque hay cosas que no pueden esperar. Y sobre todo dependiendo del tipo de madre biológica (o artificial) que nos tocó aguantar… y de esto, tan crucial, hablaremos más adelante.

  • Pero… ¡vamos a lo fundamental!

    Primero vamos al cine para indicar el meollo de la cuestión : ¿Qué define nuestro comportamiento, como ser humano (IH)… o (avancemos algo) como cíborg, IA «del futuro»…

    ¿Qué puede diferenciar a un T-800 «bueno» de un T-800 «malo»… en un caso viene del futuro para matar y, en otro caso, viene del mismo futuro, para defender.

    Tenemos el cuerpo/soporte de un cerebro electrónico con IA, llamado T-800, cuya meta es asesinar a Sarah Connors, la madre de Jonh Connors, para que este no pueda nacer… pero, lo que es la ciencia, no la magia, el propio JC (adulto del futuro) le injerta al T-800 un nuevo cerebro que le hace cambiar de idea ; ahora su meta es defender al hijo de SC, ya nacido, para que pueda derrotar a la Skynet del futuro…

    Pero, lo más importante, para nosotros, simples aprendices de sociogenéticos, no es esa parte inicial (la primera peli), sino la segunda parte del proceso, cuando en el presente el joven John, debe enseñar al T-800, para que comprenda como funciona la sociedad terrestre de su momento… Se trata evidentemente de injertar un adn social positivo, para que el cerebro del terminator, piense en positivo humanamente… Porque si tuviera otro enseñante diferente, aquí está la esencia, de proceso de injerto, el adn social del terminator sería negativo…

    Sería el mismo cuerpo, el mismo cerebro, pero funcionando (“pensando”) de forma diferente a como pensaba el joven John Connors… y, en consecuencia, el viejo John Connors, principal enemigo de Skaynet en el futuro… lo que nos lleva al papel tan importante de su madre Sarah, influyendo con sociogenes positivos en la forma de pensar/actuar del joven/adulto John… Ambas cosas totalmente peliculeras, en como sucedió todo, ya que una cosa es intentar influir en una mente ajena y otra , muy diferente, es conseguir cambios reales en su forma de pensar… El ADN y algunas influencias ambientales son un obstáculo que suele impedir las buenas o malas intenciones del adulto injertante…

  • Repasemos con una princesa…

    Y sin salir de la serie GOT (Juego de Tronos), podemos analizar un caso paradigmático, a la hora de valorar la relación entre biógenes y sociógenes : Daenerys Targaryen.

    Además nos interesa, porque no consiguió que sus más acérrimos seguidores supieran leer su arco dramático, por lo que acabaron (según dicen en medios digitales) totalmente cabreados con los productores de la versión televisiva.

    Allá ellos!!!

    Aquí toca ver ese cambio tan drástico, y tan bien marcado, en la maduración de la princesa Targaryen. Que llega de adolescente a reina madura, aunque no muy bien madurada.

    Como bien dice en la imagen, la rompedora de cadenas llega al final dispuesta a todo. Y todo es TODO, para reconquistar lo que consideró siempre como suyo : Los 7 Reinos. Incluso a hacer una metamorfosis de muy mala maduración.

  • E incluso se transmite de padres a hijos…

    Ayer hablamos de un caso típico en la formación de un yo. De la cría humana que sufre una calificación diferente, en su vida de barrio o de escuela, lo que puede llevarle a ser acosado… y hablamos de lo que necesitamos para estudiar su cambio (o no cambio) de conducta con el tiempo : o mantener su yo de ser considerado diferente, incluso reforzado (sociogén negativo) o, por el contrario, ir superando esa condición social (artificial), con la inestimable ayuda del sociogén positivo que le llegue a través del ambiente social donde se desenvuelve como persona.

    Porque la genética social, mucho más que la genética biológica, está ligada directamente con el fluir y el permanecer del ser/yo, que estamos construyendo, queramos o no, a lo largo de nuestra vida.

    Pero lo que llamamos sociogén es como un fotón, no tiene materia concreta encima (una masa), pero su energía se puede transformar en materia , en cualquier momento de su «vida» (inanimada), como bien nos dijo Einstein ( E = mc2).

    Es algo que está en permanente cambio, como el río, pero al mismo tiempo permanece su esencia, que es lo que identifica a un río, para hacerlo igual y diferente de otro río. Fluidez (dinámica) y permanencia (estática) es lo que caracteriza a un sociogén. Y es algo que no tiene un biogén, ya que él puede decaer en intensidad, hacer que no se note externamente («fenotipo«), pero que sigue ahí, dormitando.

    El sociogén no se comporta igual, esta «especie de fotón» (energía sin masa), puede ir cogiendo más intensidad con el tiempo o perdiéndola, si interviene otro sociogén de la misma familia, pero más importante. Ya que, en esencia, debe ser transmisisble de padres a hijos, o entre amigos (camaradería intensa). Y aunque luego pueda sufrir los embates de otro sociogén (por ejemplo, uno positivo) y hacer que casi desaparezca. Es decir, que hablamos de un constante juego de fluidez y permanencia. Lo que hace que, esquematizando un ejemplo, nos despertemos como criados y nos acostemos como nobles (de pacotilla). Puede ser interesante visualizar una peli como My Fair Lady, donde una simple florista de barrio acaba pasando ante los demás por una señora muy culta.

  • Pero el ser/yo también PERMANECE…

    Y ahora volvemos al eterno problema, como si fuera un eterno retorno… pero en clave de la Grecia Clásica. Heráclito y Parménides, los dos antagonistas que nos intentó vender la escolástica aristotélica… un Aristóteles, que no supo ver como su paso de potencia a acto , para definir el movimiento, era la combinación perfecta del fluir (del ser) heraclitiano con la permanencia(del ser) parmediana… pero ya sabemos que el ego de un creador siempre será tan grande como su fama.

    Lo que nos lleva al meollo del proceso de cambio en el ser/yo de una persona : ¿Cómo evoluciona?, ¿Quién determina en mayor grado esa evolución? Y, lo más importante, ¿Cuál puede ser mi papel en ese proceso de cambio?

    Tomemos un ejemplo típico, como la cría humana rarita de un barrio periférico o de una aula de instituto… una cría infantil o preadolescente, que no sabe que le pasa, pero nota que todos le miran de una forma especial… de tal manera que lo acaban haciendo diferente.

    En ese proceso de construcción de un yo, para el ser humano, que estamos analizando (sociogenéticamente), ¿qué tipo de elementos intervienen?… A qué le llamamos sociogén, positivo o negativo, y por qué es tan importante a la hora de determinar una conducta de esta cría, a la que tacharon, desde hace un tiempo, como diferente.

  • El ser EVOLUCIONA…

    Cuando hablamos del ser como un yo determinado, no podemos olvidar la importancia del tiempo. Porque la existencia de un tiempo, que según la física relativista no existe, es lo que permite ir viendo los cambios del yo.

    Empezamos (la vida, el día…) siendo de una forma y acabamos siendo de otra. Y por eso es tan complejo acercarse al estudio del comportamiento humano… porque, ¿a cuál yo corresponde determinada conducta?

    Y es que la forma de entender el yo va a depender de la normas sociales, de las costumbres que rijan en según que determinada época. Porque las modas influyen en el comportamiento humano de forma considerable. Y lo que se toma como normal en una época puede ya no serlo para otra.

    Y por eso es tan importante que usemos instrumental científico, para analizar los movimientos sociales. No se actúa en su interior, por razones meramente ideológicas (sean políticas o religiosas).

    Por ejemplo, la forma de entender el sexo y la sexualidad que de él deriva, puede ir cambiando a lo largo del tiempo. Esto nos pone en el camino de analizar el problema de ser mujer o sentirse mujer.

  • ¿Qué puede haber en la mente de un PADRE?

    Si pensamos en el conjunto de elementos que intervienen en la reproducción humana, tenemos este tipo de ecuación… x (madre) + y (cría humana) + z (padre) = h (ser humano).

    Por ahora los tres son imprescindibles, aunque el avance tecnológico lleva a pensar que el padre puede ser una variable que desparezca con el tiempo. La clonación lo haría dispensable, salvo para clonarlo precisamente a él. Por ahora el útero sigue siendo necesario, pero es otra variable claramente sustituible, por lo que… podía quedar como un lujo, para gente con posibles… una vez pasada la novedad de la clonación totalmente artificial.

    Así que aprovechemos para pensar un poco en el padre de la criatura : ¿Qué espera del nacimiento? ¿Qué aporta antes y después del nacimiento?… y, sobre todo, ¿por qué es tan propenso al maltrato del recién nacido?

    ¿Cuántos futuros padres (machos) no se sienten en fuera de juego, en el momento de marcar un gol? Y aunque sean seguidores fanáticos de la Biblia Abrahámica. O quizás por eso.

    ¿Por qué el padre muda su empatía y su solidaridad naturales, en egoísmo e insolidaridad? ¿Por qué el padre hace que su lucha biológica por la igualdad, responsabilidad y afecto, se cambien a unas capacidades sociales como son la desigualdad, la irresponsabilidad y el desafecto? ¿Qué provoca ese tipo de cambios?

  • O, simplemente, haber nacido algo MÁS BAJO…

    Y luego están las limitaciones directamente sociales, que son un auténtico chiste, salvo para quien las sufre. Porque ser algo (o mucho) más bajo que otro ser humano, no puede ni llamarse limitación biológica. Son auténticas elaboraciones mentales (ideas regresivas) de la SAD, para que funcionen como genes sociales negativos. Recordemos que también los hay positivos, cuando responden a ideas progresistas.

    Son como toda anormalidad social, esa que sale de usar las matemáticas como si fueran conceptos cientifícos, que explican hechos meramente biológicos : tamaño medio, inteligencia media, atención media… cuando la realidad es lo que es, y nunca es ni será un conjunto de valores matemáticos.

    Porque el tamaño no importa. Como bien se dice para referirse al pene (científicamente).

    La capacidad operativa de un ser vivo, como la de cualquiera máquina es lo que lo hace valioso, sea para construir una mesa o sea para producir alguna sensación de placer.

    No es precisamente el tamaño físico lo que nos define como humanos, sino la capacidad de extender nuestra inteligencia hasta límites no conocidos. Y esa extensión imprescindible (evolutiva) nos lleva, entre otras cosas, a combatir todo aquello que impida la regeneración social, vestida de tradición o de modernidad (aparente)… recordemos el dicho del Gatopardo : cambiar todo, para que nada cambie.