
… hacerse, así, más atractivos.
Porque llevamos mucho tiempo diciendo que distingamos el mirar del ver. Y que no todo lo que parecen homéricas naves griegas, son algo diferente de las clásicas flores de la retama. La mágica «xesta» gallega. Porque puede parecer que el muro nos dejará ver un auténtico paraíso, cuando más allá de él solo habita un infierno.
A veces el parecido nos despista. Si no ¿para qué iba a existir el Arte del Disimulo?
Y si un ser humano que nos quiere fastidiar, se disfraza de muro, será porque nos quiere asustar en demasía, haciéndose pasar por algo más monstruoso de lo que realmente es. Un engaño.
Ya hablamos otra vez de la importancia extrema del camuflaje, en los asuntos de interacción entre humanos.
Y disfrazarse de muro, como decimos, resulta un método muy bueno para cazar incautos. De forma que resulten fáciles , mientras que interactúan con ellos, para injertar parte del adn social negativo. Sobre todo cuando paseas cerca de ellos, ensimismado en unos pensamientos de interacción social, que te dejan las defensas bajo mínimos. Y más si tienen los filtros de colores necesarios para engatusarnos.
¡Anímate!