Etiqueta: cerebro

  • Y así, paso a paso, horror tras horror, vamos llegando en este blog…

    … al muro que sirve de puto FILTRO.

    De tanto desasosiego, de ser tan miserables, de tanto mirar sin querer ver… de tanto horror que no queremos sufrir, nos vamos haciendo adictos a tener delante, algo a lo que podemos llamar un MURO. La SAD nos pone delante de los ojos, realmente en nuestro cerebro, una especie de muro, de pared, que va a impedir que entre el horror que sí hay en la realidad exterior. O si acaso, solo deja pasar algo (filtra) de ese horror, para que nos asuste un poco, no demasiado… pero que, sobre todo, nos hace ver otra falsa realidad que sirva de contrapunto, para mantenernos sosegados. Algo así como hace Instagram. Es un buen momento ,en este blog, para tocar este gran problema del muro, que bien tenemos frente a nosotros, o puede que esté dentro de nosotros. Es lo que podemos llamar un muro filtrante.

    Porque , al profundizar en el mecanismo de la visión, nos van apareciendo muchos problemas que tienen que ver con el adn social negativo que nos injertaron, incluso más que con nuestro propio ADN. Y eso nos lleva a tener que reflexionar un buen cacho, sobre los filtros de la realidad, que la pueden opacar de todo : esos muros, que no nos dejan ver lo que miramos.

    Y pensemos que si no vemos la diferencia entre el granito y el cemento que lo une (muro de la imagen), no estamos viendo nada de nada. Solo estamos mirando. Y confundiendo el hecho de MIRAR con el hecho de VER.

    Y así (mala visión), nos asustaremos de lo imposible que parece traspasar ese tremendo muro, que nos impide seguir caminado. Pero eso es, fundamentalmente, porque no vemos lo que debemos ver, porque igual que se ven las fortalezas de un muro, también es posible ver sus debilidades. El problema es cuando no vemos por nosotros, sino que vemos por el sistema óptico que nos injertaron. El famoso filtro externo (ajeno a nosotros) que tampoco vemos normalmente. Y por eso, solo veremos parcialmente la realidad que tenemos delante. Lo esencial va a ser «escuchar» al muro, por lo menos. Como hacen los perros, puede que nos sea más fácil descifrar su olor o su sonido.

    Y pensemos en que hay muros invisibles… muros que están ahí, pero no podemos ver, así como otros que no queremos ver. No todos son de puro granito o duro metal. Y esos son los peores!

  • Y nos da tanto tanto asco, que hasta nos impide MIRAR…

    … para no VER ese horror directamente.

    Porque entonces el asco se adueña de nosotros. Como le pasó a este coronel USA, que murió en Vietnam, como ser humano, y prefirió convertirse en un aliado del diablo. Un zombi cinematográfico, pero que representa la multitud real de soldados, que se volvieron locos durante su estancia en un campo de batalla. Como les pasará a los soldados que participan en el genocidio de Gaza.

    Así les pasa a muchos humanos, se deshumanizan. Incluso muchos que empiezan su lucha llenos de energía y honestidad, para acabar siendo los putos funcionarios de una revolución inacabada.¡La enésima!

    Ellos, suelen ser machos, son los que podemos llamar enterradores oficiosos (u oficiales)del proceso revolucionario que, algún día, empezó con mejores o peores intenciones. Algunos ya le llaman revolución a la toma del poder personal, para hacerse más rico que Salomón, incluso con la Reina de Saba.

    Lo malo es que, para hacerse ricos unos pocos, se van sembrando los caminos de napalm con niñas que huyen despavoridas… o se quedan abandonados en la playa, como el pequeño Aylan, para ser abono de nuestra cruda desesperación. Sea tiempo de guerra o de paz. Y , lo mucho peor, ¡es que seguimos exactamente igual!

    Porque somos tan tan mediocres humanos, que mandamos matar a todo aquel que nos denuncie como sicarios del mal. Tan miserables, que nos enriquecemos vendiendo nuestra alma/cerebro al mismo Lucifer. Pero, luego, vamos a comulgar como auténticos cristianos de quita y pon. O islámicos. O judíos. O budistas… o de la madre que nos parió (y que no tiene siempre la culpa de como somos nosotros, sus realmente putos hijos).

  • Pero, ¿qué te hace ver…

    … cosas que «en principio no se ven»?

    Cosas que no existen, o bien que parecen no existir. Cosas que es muy difícil ver, si no te esfuerzas lo suficiente. Porque entonces, con este asunto tratado ayer de las creencias no comprobadas, que es lo antagónico del conocimiento, estamos ya de nuevo en la senda del VER.

    Porque igual que tenemos la necesidad de ser libres, también tenemos la necesidad de usar nuestra imaginación. No podemos vivir sin libertad y no podemos evolucionar sin imaginación. Porque no todo lo que podemos ver está de hecho en la realidad que nos presentan. O, como en este caso (imagen), en la representación cinematográfica de esa realidad. A veces supone un esfuerzo considerable ver lo que parece oculto a nuestros ojos ¿Cómo diferenciar entonces entre lo que vemos y lo que creemos ver?

    Escogimos una imagen icónica, del universo fílmico de un tal Houston (Centauros del desierto). En ella John Wayne parece que se está presentando, o, lo contrario, parece que se está despidiendo, de lo «poco» que aún le queda de familia.

    ¿Cuántas cosas podemos ver en esta «simple» imagen del Houston, con un JW que se va o se viene.?

    ¿Somos como la tribu que se cree todo lo que le cuentan, sean sus sacerdotes o los misioneros venidos de fuera, o queremos ser algo científicos… y amantes del cine, para buscar ese tipo de señales escondidas, que dejó el mago Houston dentro de esta mítica imagen? ¿y si, en el fondo, solo era el fantasma de JW, que venía a conversar con nosotros? Pero se tiene que ir, porque no estamos ya preparados para interactuar con fantasmas.

  • Pero, toda esta ciencia ficción, viene a ser como el universo inventado…

    … por cualquier religión.

    Y cualquier religión, decimos, por muy disparatada que se presente. Y por muy bienhechora que presuma ser. De hecho, pensemos por un momento, en esa tribu que no soporta la moderna tecnología, pero tiene una fe de caballo en las creencias que le metieron en su particular mente. Y que les vale para creer que saben perfectamente como se originó «su» mundo. No deja de ser una forma casi perfecta de vencer su desasosiego. Olvidando que es precisamente ese desasosiego vital, que la religión trata de apagar, lo que les permite avanzar, buscando soluciones a sus problemas de adaptación al medio. También se llama evolución natural. Lo que ellos hacen, siguiendo «su» religión, se llama ALIENACIÓN mental.

    Pero, en pleno siglo XXI, no somos muy diferentes de ellos los que nos llamamos pomposamente civilizados. Porque somos una inmensa tribu terrestre, o vamos camino de serlo, que es incapaz de conservar el equilibrio natural del planeta. Y que hace todo lo posible, para que las nuevas generaciones no puedan ya ni intentarlo.

    Somos legadores de una destrucción masiva, imposible de evitar. Seguidores de una adoración maligna por el poder. Un poder para oprimir y la emoción que surge cuando sentimos como machacamos al prójimo. A los humanos nos satisface al máximo, ser lo más anticristiano que pudo parir el cristianismo.

    Y somos tan amigos de creer, en vez de conocer, que disfrutamos enormemente con la derrota de la naturaleza (sea lo que eso sea), en su lucha por mantener un proceso evolucionista realmente positivo.

    Un proceso no solo no destructivo, sino favorecedor de que algún día aparezca una versión mejorada del homo sapiens, como en su momento aparecimos nosotros. Esperemos que la naturaleza (sea lo que eso sea) no se desanime demasiado, y nos ofrezca la extinción antes de tiempo. Para dejar de sufrir como especie.

  • Porque, cuando vemos un filete de ternera virtual,…

    … solo estamos teniendo una emoción virtual.

    Pero sí es una forma de vencer nuestro desasosiego : dejarse llevar por la creencia de que, lo que nos cuentan, es la verdad. Es lo que nos interesa creer. Porque nos dicen (las pelis y las religiones), que existen universos paralelos al nuestro, donde podemos tener vidas virtuales, que nos venden como reales, para que todas sean sensaciones agradables. Ahora o «después». Lugares donde el placer sea poco costoso alcanzarlo y, allí, nuestro sueños más profundos se mudan en «realidades» (virtuales). El típico paraíso.

    O, por lo menos, eso nos quieren vender (es «su» lavadora), los que propugnan esa posibilidad de intercambio con los llamados universos paralelos. Aunque no queda muy claro, en este contexto peliculero, la diferencia que puede haber (y hay) entre simples sensaciones y emociones más elaboradas.

    O sea que ya no sería interactuar con máquinas, sino llegar a ser nosotros mismos una variante virtual. Algo, en cierto modo, parecido al Avatar cameroniano. El problemas esencial, como decimos, es hasta qué punto la sensación del avatar no deja de ser un simple sentido, que opera en un universo paralelo al «normal». Sin ir tan lejos, ¿hasta que punto tu clon, cuando sea posible tenerlo, va a sentir las mismas emociones que tú?

    Sería el no va más, de la confusión entre mirar y ver. Ya solo vemos lo que simplemente miramos, porque es lo que nos dejan ver. Aunque sea cerrando los ojos, para que entre la realidad simulada que tengamos enfrente. Como el Cifra con su filete.

    Pero eso ya lo hacemos , cualquier pobre ser humano, con simplemente vivir ensoñado. No necesitas estar en ninguna Matrix made in Hollywood. O en una variante como es Westworld. Solo tienen que hacerte ver una realidad que no existe. Sea dormido o totalmente despierto.

  • Pero, por suerte, aún no se pueden programar…

    … las emociones humanas (en los robots con IA).

    Y las emociones, en los humanos, no se las puede borrar, aunque si minimizar. Porque es precisamente en la inteligencia emocional, donde reside esa capacidad que nos marca el ADN, para que ansiemos la libertad tan tan profundamente. Y aún no hay Matrix capaz de anular, como ya dijimos, esa necesidad/capacidad de luchar por ella. Ni tampoco de autoprogramarse con emociones, por parte de cualquier IA prevista a medio plazo.

    Así que por ahora, no podemos programar las emocicones humanas en robots. Ni siquira en cerebros humanos, aunque , en teoría, sí que la naturaleza (sea lo que eso sea) los dejó programados, para desarrollar a fondo ess capacidad de emocionarnos. Aunque sí… se pueden «desprogramar». Y no solo en los robots, también en los propios seres humanos. Por algo se pueden ver a diario, un montón de humanos que más parecen máquinas vacías de emociones, que auténticos seres vivos inteligentes, siempre racionales, pero con su porción adecuada de inteligencia emocional. Esa inteligencia emocional, que debe ser el contrapeso esencial para lograr un equilibrio, con lo que pretenda hacer la llamada inteligencia racional.

    Y recordemos siempre la falacia del punto medio, cuando se habla de un equilibrio natural. No existe tal punto medio en la llamada naturaleza (sea lo que eso sea). Y mucho menos en esa línea virtual, que podemos pensar une a las dos inteligencias, responsables de controlar nuestro devenir diario : tanto racional como emocionalmente.

    Precisamente una característica básica del llamado, por aquí, adn social negativo, es conseguir la anulación casi total de esa capacidad genética que tiene el ser humano, para emocionarse. Una capacidad que, funcionando correctamente, le permite tener un control esencial de la inteligencia racional. Con el fin de que esta no se desmande, provocando que se tomen decisiones tan frías y «asépticas» (sin emociones), que muden en profundamente inhumanas. Caso que sucede en ideologías extremas como la nazi o la estalinista.

    El maltrato infantil, la política corrupta, el tráfico de todo tipo y sus consecuentes guerras, no son más que expresions claras de esta mediocridad emocional, por no decir bajeza, del ser humano. Muy agravada en la actualidad, precisamente cuando mejor se conoce el comportamiento humano. Y puede que sea, precisamente, por ese conocimiento (mal usado). Y por ese motivo , gustamos de referirnos aquí al ser humano actual como una versión mediocre del homo sapiens. A veces demasiado mediocre.

  • Hasta que llegan un tipo de parahumanos, que…

    … tienen un tremendo DESASOSIEGO.

    Porque ya no solo se sienten algo «raros» y buscan respuestas a algunas de sus preguntas «raras». Sobre todo después de haber VISTO tanto. Porque acaban convencidos, muy claramente, de que la mediocre versión de homo sapiens, que es el humano actual (siglo XXI), no tiene ninguna solución para sus problemas «no vitales». Que no son vitales como para nosotros, hasta ahora, pero muy vitales en su nueva forma de VIVIR. Los proyectamos sin buscar una salida viable a su futuro (eran putas máquinas, para qué!).

    Y volvemos al mismo punto del principio, ¿cómo vivir si no tratamos de ver dónde vivimos (y cómo)? ¿Por qué «ellos» (quizás no binarios) van a ser diferentes de nosotros? Aparte de que a muchos seres humanos le importa un pito hacerse preguntas. Y mucho menos, buscarle respuestas.

    Muchos no valemos ni para replicantes. Y llamadme exagerado.

    Los que se consideran científicos piensan (es un decir) en la clonación, para mejorar la especie humana. Una especie, que necesita mejorar primero (y mucho) como versión de homo sapiens, natural, sin clonar, porque necesita tantos remiendos, tantos, que dudamos exista sastre para tamaña tarea.

    Y sí, llamadme , de nuevo, exagerado.

  • Y por eso, solo reciben…

    … un montón de señales neutras.

    Cuando los robots interactúan entre ellos, no tienen ningún problema de relación, ya que no hay lugar en ellos para el desasosiego, esa sensación tan rara que van adquiriendo (seguro), cuando tienen que tratar con humanos.

    Las reacciones humanas, tanto positivas como negativas, acompañadas de expresiones ilegibles (para ellos), les tiene que suponer un cierto tipo de «desarraigo intelectual». Que al principio puede no causar desajustes informáticos, pero que, a la larga, si puede incidir en el proceso de realimentación «anímica» (energética) del robot.

    Porque una IA muy avanzada en su programación inicial y posterior reajuste constante, ¿no puede tener cabida para algo parecido a un «estado anímico»? Totalmente electrónico (digital?), pero que puede meter elementos extraños en su algoritmo. Pensemos, por ejemplo, en las llamadas alucinaciones algorítmicas.

    Algo de lo que hablaba ya el científico que generó a Sonny, aunque nos pareciera entonces algo demasiado etéreo (ciencia ficción), dado el escaso avance del aprendizaje robótico. Hoy en día se puede «ver» como algo diferente.

    Porque, como pasa con las crías humanas, todo el meollo de esta cuestión reside en lo que podemos llamar entresijos del aprendizaje, sea un cerebro humano o uno robótico. En la sucesiva complejidad de los circuitos neuronales está la esencia del avance evolucionista. Y puede llegar un momento en que los circuitos digitales no difieran tanto de los circuitos neuronales humanos. ¿A saber como evoluciona esto?

  • Ellos no tienen un sistema nervioso…

    … tan complejo como el nuestro.

    Por lo que no tienen capacidad para sentir las sensaciones más complejas que acompañan a los cinco sentidos clásicos del ser vivo. No tienen capacidad genética para sentir sensaciones que son propiamente humanas, como es la soledad. No tienen necesidad de compañía, no pueden sentirse solos, porque los programadores no le metieron esa «necesidad» en su CPU.

    Porque la fuerte necesidad de socializarse que tiene el ser humano, debido a su empatía genética, es en su caso, como robots, una simple necesidad artificial, de complementar el trabajo de una máquina con otra, de la forma más eficiente posible.

    Si los mandan tirarse por un barranco lo van hacer, sin puta sensación de miedo o de displacer. Y mucho menos tendrán la sensación de no haber conseguido su meta en la vida, ya que sus metas están programadas de antemano y en ninguna de ellas está marcada algo así como «debes hacer algo por los demás» (aunque no te lo pida). Ni siquiera van a ser capaces de sentir una necesidad más simple, como es la de robar el bolso a una anciana. ¡No son humanos!

    Lo que hace un robot, lo hace y basta. No recibirá ninguna recompensa mental por el hecho de ayudar en una tarea. Incluso si es tan importante como la antes indicada : el robo a una anciana, que tanto le molesta al poli Spoon. El ser humano si que tiene marcada es capacidad, tanto para sentirse bien si la tarea está bien hecha, como sentirse mal si la tarea está mal hecha. Se llama instinto, realmente capacidad genética, de superación. Y a los robots solo el mago Asimov les dio la capacidad de pensar por si mismos. Por ahora sigue siendo ciencia ficción.

    Y nunca significará superar a los demás, para «joderlos», solo superarse a si mismo, y siempre en colaboración con el prójimo. Esto pasará siempre claro, si es que madura en sentido positivo, en relación con su adn social. Porque los humanos somos animales solidarios, queramos o no. Otra cosa es como nos socializaron en el ecosistema donde vivimos, si en modo individualista o en modo colectivo. Va a depender del adn social adquirido. El llamado comunismo no es realmente un invento marxiano, es el resultado de millones de años de evolución. Algo que, a la llamada SAD, no le gusta demasiado.

  • De hecho puedes llegar a creer…

    … que hasta una máquina te mira!!!

    Porque sí, nada es más posible que crearse un mundo imaginario, donde te resulte más fácil sobrevivir. Viene a ser como el amigo imaginario de la infancia. Pero el cerebro adolescente ya necesita más imaginación, para alucinar. Necesitará ayuda química externa (drogas) y así alucinar por colores. O esforzarse en madurar de forma natural y libre, creando filtros mentales propios, que te ayuden a andar por el bosque de la vida, sin ver alucinaciones que te despisten.

    A un cerebro casi maduro, como el que se tiene en la preadolescencia, ya no le vale con imaginar amigos que te ayuden. Sean humanos o animales irracionales, incluso inertes que han tomado vida propia. Ahora la complejidad neuronal, ya permite viajes interiores, por la selva de los circuitos neuronales, de tal forma que te puedes montar universos de todo tipo. Siempre ficticios, claro. Incluso con la ayuda inestimable de grandes escritores de aventuras, como Jules Verne o Emilio Salgari.

    Y, como pasaba con el amigo imaginario, no necesitas confundirte con él y darle vida propia (real). Auque eso quizás fuera más exactamente así en la etapa infantil. Porque ahora, entrando en la adolescencia, la madurez cerebral te puede jugar una mala pasada, si juegas a confundirte con lo que tu imaginación (ahora más madura) elabore. Sobre todo si es demasiado intensa. O está ayudada por la química externa, a fin de cuentas otro tipo de filtro sensorial.

    Y, como dijimos al hablar del cerebro que no te engaña, que eres tú el que no sabes medir (lo que ves), ahora hay que tener mucho cuidado, porque un exceso de maduración temprana (cerebral) te puede hacer confundir lo real y lo imaginado. Tú amigo imaginario de la infancia, si persiste dentro de ti, se puede mudar en otro Ego, en otro Yo, que te ocupe parte de tu espacio mental, para aposentarse en él, con cierto grado de autonomía. Eso no lo podía hacer tu amigo imaginario, por muy poderoso que se autoconsiderara. Siempre podías deshacerte de él.

    Ahora puedes hacer que hasta una máquina cobre vida (en tu cerebro). Y, lo que es mucho peor, puedes conseguir que la «veas» (imagines) como una perseguidora real. Que te inventes tu propia Skynet, para uso particular o colectivo. Que llegue a ser el amigo imaginario, que no se quiere ir y decide apoderarse de una parte importante de tu cerebro. Hacerse un okupa.