Etiqueta: cerebro

  • Y la energía lumínica es esencial…

    …para VER lo que se mira. 

    Sobre todo si queremos ver la materia. En el caso de que un bíblico dios no haya separado previamente la luz de la oscuridad, lo tendríamos fatal para ver. Porque mirar se puede mirar de noche, pero sin luz es imposible VER.

    Necesitamos que los rayos de luz sean reflejados en un cuerpo y luego entrar por los ojos (su reflejo), para llegar al cerebro. Sin ese proceso no hay visión , solo una mirada improductiva. Como si fuésemos ciegos. Con la salvedad de que, si el ciego es de nacimiento, estaría mejor dotado que nosotros para VER en la oscuridsd màs absoluta.

    Luego, a los videntes, les perjudicaría seriamente el hecho de estar minusválidos (sin ver), por el perjuicio emocional que les provocaría.

    Cosa del equilibrio vital que siempre, siempre, busca la naturaleza (sea lo que eso sea).

    Así que sí, la energía lumínica existe y es imprescindible para ver. Y no necesita a ningún dios que la produzca. Pero cada uno, que crea lo que pueda o quiera.

  • La materia y la energía…

    … son necesarias.

    Y por eso el Yahvé bíblico usó primero el barro, para darle forma humsna, y luego le suministró la enegía (alma) necesaria, para darle vida.

    En el fondo una prehistórica aplicación de la idea del genial Einstein : E = mc2. Eso sí, formulada de forma simplificada. Pero expresando claramente la idea que en ella subyace : la materiia es energía y la energía es materia.

    En esto no cabe la duda hamletiana del ser o no ser, porque intrínsecamente son la misma cosa.

    Y que el fuego salga de la tierra solo nos muestra lo cierto de tal afirmación. Así como lo complejo que resulta su proceso de transformación.

    Hay que ser muy mediocre versión humsna, barro a fin de cuentas, para querer jugar a ser un dios, que controla ambos elementos, en su muy compleja formulación vital : formando eso que llamamos un ser vivo humano,

  • Y, ¿qué decir de algo tan espinoso…

    … como puede ser un tojo?

    ¿Qué se puede decir de una flor, digna de ser admirada, pero que está rodeada de soldados? Rodeada de tremebundas espinas que, como espadas enhiestas, te impiden ni siquiera un intento de caricia.

    En cierto modo recuerda a la bella princesa, que permanece encerrada en el castillo, hasta que su asqueroso padre decida lo que hacer con ella.

    Pero como en el cuento de la bella princesa, no todos valemos para príncipe. Aunque sí podamos vestirnos fácilmente de sapos. O de ranas, que nunca quedó muy claro, en el cuento, el papel de cada uno.

    Y eso sin meternos con la nueva corriente queer, que ya estará resignificando, para que sea válida la solución lesbiana o bisexual (incluso no binaria?).

    Eso sí, la mayoría de la gente que lo escucha o lee, seguirá sin saber que el sapo no es el macho de la rana.

  • Pero hay flores que, además de color y forma,…

    …nos hacen otros regalos.

    Incluso contando su olor, si es que no se lo «robaron», ¿qué nos regala una flor, una vez llegada su madurez?

    En una página dentro del blog reflexionamos sobre el papel que juega el tiempo en la creación de ideas, con el amigo Descartes… y después en la remaduración de esas ideas, una vez convertidas en hechos consumados.

    Y aquí tenemos un claro ejemplo, al ver como la belleza de una determinada ordenación «petálica», muda, por ley natural, en un fruto, incluso comestible. Como algunas partes de la hermosa flor se han transformado en material comestible y, lo más importante, regenerador del ser vivo de donde procede.

    Los pétalos tiran de nuestros ojos, como tiran también de los insectos que vienen por el néctar de estas partes directamente reproductoras de la flor,

    Nosotros disfrutamos de su visión, los insectos de su deleite gustativo y nutritivo… y nosotros, de nuevo (como Eva), de su fruto tan sabroso. Y todo eso nos lo ofrece la misma flor, siempre que estemos dispuestos a querer verlo, tal como nos lo presenta : a la vista o con cierto toque escondido.

  • Porque todo lo que parece uniforme…

    … esta muy lleno de matices.

    Incluso debemos evitar que tienda a ser demasiado uniforme. Porque lo vivo debe ser diverso, igual que la visión. Porque puede que solo parezca estar solo. Y algo que se aprende, al observar con atención lo que estamos viendo, son las características que acompañan a lo visto. Pero que pueden estar ocultas, y sin ellas le falte vida a la flor.

    Por ejemplo, la soledad o la compañía. O bien otras sensaciones intangibles que una flor nos puede transmitir. Con su aroma nos traslada incluso a lugares lejanos, que visitamos hace tiempo o que desearíamos fervientemente visitar. Son cosas que no se pueden medir físicamente, pero que tienen mucha entidad espiritual. No se perciben racionalmente sino emocionalmente.

    Al principio pueden parecer «frases ilegibles», pero con el tiempo aprendemos a leer en esos colores, en esos olores, en un tacto supersuave. Como se puede aprender a «leer» los sonidos de un instrumento

    Toca aprender a leer nuestras propias emociones. Las causadas por todas estas sensaciones no visibles. O será imposible que aprendamos a leer las de los demás.

    Y si no sabemso leer lo que nos dicen,¿cómo nos vamos a COMUNICAR con ellos/ellas, e incluso elles?

  • Y llegaremos a ver incluso, alguna tonalidad…

    … que nos reciba con los brazos abiertos.

    Porque, sean colores o notas musicales (y recordad el silencio o el blanco), lo importante es la lectura que sepamos hacer de ellos.

    Porque no solo las frases escritas o habladas están formadas por palabras.

    Porque al mirar debemos ver lo que miramos, pero siempre es necesario profundizar en lo que vemos.

    Porque observar con atención lo visto, supone siempre pensar luego en esa realidad que visionamos.

    Porque cada uno ve y piensa diferente, pero toca luego aunar las visiones, si queremos avanzar como especie. Avance colectivo.

  • Porque un solo color, como el silencio,…

    … puede estar lleno de muchos matices.

    Esa sinfonía de color que, a diferencia de la musical, nos entra por los ojos. Y no está compuesta por un tal Beethoven, por muy genio musical que él fuera, sino por una modesta naturaleza (sea lo que ella sea). Esa es la realidad que estamos a mirar. Y no cualquier otra, que nos podamos imaginar. Por lo que es vital que aprendamos a verla con la máxima calidad posible.

    Porque miramos todos esos colores que la componen, tanto si son muy diferentes, como si solo varían en grado ínfimo de tonalidad, como notas musicales, pero no sabemos muy bien que hacer, en principio, con ellos… hasta que nuestras neuronas montan los circuitos precisos para darles un sentido. Y sobre todo, si ya fueron grabados en otro momento, los recordaremos con gusto, para una reelaboración más precisa o creativa de como suena esa sinfonía. Recordemos el papel fundamental de nuestra ROM/MOP.

    Y tengamos en cuenta, que no nos pueden despistar lo que parece una falta de colorido, porque , como pasa en la música, el color «silenciado» está también ahí, para resaltar indirectamente el colorido melódico principal. El silencio que «no escuchamos» va a depender mucho de la nota anterior y de la nota siguiente… presenta «matices», aunque no los notemos fácilmente.

    Hay que saber mirar bien para ver lo que miramos, como hay que saber escuchar bien, para disfrutar de lo escuchado.

    Si hasta el blanco, que parece inmaculado, puede tener escritos decenas de mensajes muy ocultos. Con su multitud de tonos.

  • Y ,¿por qué hablar de ceguera, cuando…

    … casi todos presumimos de videntes?

    Uff, esto se complica y mucho. Antes de meternos en cómo ver algo imposible de ver (salvo en sus manifestaciones externas), como es la energía, repasemos algo más simple, como es trabajar algo más a fondo el punto de vista. ¿Qué debemos y podemos ver, cuando miramos algo concreto, por ejemplo, una flor?

    Porque todos los videntes, olvidamos que existen seres humanos con un problema grave en su combinación vital de mirar y ver. Porque hay gente que no recibe las señales, que le tendrían que llegar a través de los ojos o, peor aún, no pueden organizar esas señales que le llegan, en los circuitos neuronales precisos. Y si son ciegos de nacimiento, aún peor, en cuanto que les cuesta mucho imaginar como es realmente el objeto que tienen delante. Por ejemplo si tratan de crear la imagen de una gata a la que están acariciando, si no vieron nunca una real, les será imposible acercarse a la imagen de una gata. Tal como la vemos los demás.

    Aunque no debemos despreciar la imagen que esa persona ciega consigue de la gata que estamos viendo, cuando la acaricia amorosamente. Ya que puede que sea mucho más real (más completa) que la nuestra. Realmente un ciego también tiene su punto de vista. Así que trabajemos mejor ese concepto. Seamos videntes o ciegos.

    Porque esa imagen que se forma en el cerebro de un no vidente, puede estar tan enriquecida, a partir de señales táctiles, que dejan en una porquería de imagen la que obtiene un vidente, incapaz, por ejemplo, de amar a los gatos. Ya puede ser un gato lindo y amoroso, dentro de un «orden felino», que, el vidente antigatos (o neutro), será incapaz de formar una imagen ni siquiera aproximada a la realidad de ese gato feliz, en el colo de la persona ciega.

    Y sí, es muy cierto que la ceguera del alma, que dicen algunos, es mucho peor que la ceguera de los ojos. Y más si tenemos en cuenta que con un sistema de electrodos adecuados, se podrían transmitir las señales que emite la materia que miramos, directamente a las neuronas que deben formar los circuitos precisos, para conformar la imagen final en el cerebro del ciego (de ojos). Algo más interesante que las putas gafas de realidad virtual, por cierto.

  • Porque «lo visto» y grabado puede ser algo que no nos dice nada…

    … hasta que aprendemos a verlo.

    Porque igual que el modelo atómico anterior, aquí necesitamos tener algún conocimiento de Historia Sagrada, como se le llamaba hace tiempo, para conectar con una posible cruz cristiana.

    Y además, si tienes esa imagen en mente, es decir más Historia Sagrada, hasta puedes imaginar a Jesús cargando con ella camino del Calvario. ¿O no?

    O sea, ¿tenemos algo en nuestra memoria organizada y permanente (la que lamamos ROM del cerebro humano, por lucir nuestro saber tecnológico), que nos ayude en la visión de una realidad determinada? Aunque también le podíamos llamar a esa memoria tipo ROM, una MOP, porque hace algo de «mopa», cuando le toca barrer la RAM (memoria temporal y menos organizada o también memoria organizada no permanente, MONP… algo así, como la «mesa de trabajo» temporal). Es decir, cuando le toca deshacerse de ciertos datos, que parecen no coincidir con la posible realidad, una vez consultada la ROM/MOP. ¡Y hay que rehacer la visión!

    Aunque puede que si asimilamos la RAM a una mesa de trabajo, donde colocamos los folios y las carpetas de trabajo sin mucho miramiento, algo desorganizadas por las prisas del momento, tendríamos que llamar a esa RAM una memoria No Organizada y No Permanente, es decir, MNONP, algo más largo, pero fijando mejor ese detalle de cierto nivel de desorganización, que se debe dar en la RAM, comparada con la extrema organización de una ROM/MOP. Que, puestos a matizar, podemos llamar MOR, teniendo en cuenta que permanente y registrada vienen a ser lo mismo.

    Luego, lógicamente, puede estar la casa sin barrer, porque cada uno es como es. Y habrá gente capaz de tener una ROM/MOP/MOR tan desorganizada como la barra de un bar en hora punta. O, incluso, más, por no tener barman que la organice.

  • Porque la materia está ahí…

    … aunque nos cueste tanto verla.

    Porque está ahí para ser vista, pero hay que objetivizarla : hacerla real (material). Como el barro hecho hombre, eso que nos cuenta el Génesis abrahámico. Hasta que Yahvé ve al Adán, dándole forma a esa cantidad concreta de barro, podemos decir que Adán no existe. Solo es barro. Porque la materia es la que le dá forma a lo que ves. Y no interactúa directamente con tu mirada, con tus ojos, porque ella lo que hace es conformar «cosas», justo dentro de tu cerebro. Los rayos de luz que chocaron en sus partículas, en su exterior, te las manda reflejadas hasta las neuronas, en tu interior, que deben grabar esa señales luminosas. Dándole la forma precisa a esa materia reflejada.

    Pero esas cosas que vienen reflejadas del exterior, tienen que ser algo conocidas por él observador (memoria cerebral), por ejemplo haberla visto antes, o haber visto un tipo de materia que se le imite bastante. Algo que no pasa con el csao del Yahvé, porque es la primera vez que hace a un Adán y piensa en él (le da un alma). Antes no viera a ningún humano.

    Por ejemplo, en la imagen, tenemos algo que puede parecer un átomo con tres enlaces. Pero solo será capaz de ver «eso», si tienes alguna noción de Química. O, por lo menos, visitaste el Atomiun de Bruselas alguna vez.

    Y si la bruma te difumina demasiado la imagen, entonces es cuando estará ese cerebro «que tanto nos engaña», para ir sacando características de lo que ves, para que puedan ser comparadas con otras imágenes que tienes almacenadas en tus archivos neuronales correspondientes. Y, de esa manera, ir complementando las partes difusas del puzzle visual que estás observando.

    Porque si no has visto nunca un modelo atómico, entonces no puedes ver lo que realmente es eso que estás mirando. Algo redondo, esférico, de lo que salen «como tres tubos». Y, justo ahí, es donde entra a jugar su papel crucial tu ROM/MOP/MOR (Memoria Organizada Registrada).