Etiqueta: cerebro

  • Y así puedes llegar a ver…

    … a la Santa Compaña emigrando para Cuba.

    Tal como le pasaba al Fendetestas y al Fiz de Cotobelo, en el libro y vídeo ayer indicados. Porque hay momentos en la vida que puedes alucinar, viendo lo que no existe, tan claramente como puedes ver lo que sí existe.

    Aunque seria mejor decir, que ves lo que te parece ver, como si estuvieras soñando. Si la gente confunde mirar con ver, como no va a confundir ver con alucinar. Si la imagen grabada en el cerebro puede ser tan intensa, que puede hacer que un alucine pase por ser algo totalmente real.

    Poco nos pasa a los humanos, cuando somos adictos a todo tipo de droga química artificial, o droga mental producida por el cerebro, que también las hay, capaces de hacernos vivir en un mundo irreal, prácticamente las 24 horas del día.

    Y si somos aficionados a la religión o a la política, entonces ya tenemos muchos boletos, para que nos toque la lotería de la alucinación diaria. Estar subiendo escaleras al cielo (falso) las 24 horas del día, sin llegar a ser la décima parte de un místico poeta como San Juan de la Cruz.

    ¿Y qué vienen a ser los políticos, más que una procesión de almas en pena que se quieren «forrar», practicando el viejo esclavismo español en Cuba? LLevándose ya de paso, a otras almas gallegas, para allí mismo esclavizarlas de por vida.

  • Y hacer el filtro preciso supone…

    … un trabajo muy serio.

    Un buen filtro mental propio (liberador) requiere mucho esfuerzo, mucha constancia y una enorme cantidad de imaginación. Para hacerlo con un tejido tan fino, y, al mismos tiempo, tan flexible, que nos permita separar la paja del grano hasta limites de infinitésimos. Y sea del tipo que sea , tanto la paja como el grano.

    Ese es el filtro que necesitamos, al observar la realidad, para ser realmente libres. No vale un filtro comprado en el típico bazar de «todo a 100», que no servirá más que para dejarnos sentir aquello que el poder establecido nos quiere dejar percibir.

    Y tiene que ser un filtro tremendamente inteligente, no es un simple colador, ya que tiene que «saber» cambiar en la selección de las partículas/ideas elementales que debe dejar pasar : unas veces serán las pequeñas, pero otras serán las grandes. A veces muy grandes y «pesadas».

    Lo dicho, un filtro inteligente. Con una gran capacidad de memoria, paar no tener que hacer el trabajo de selección con partículas que ya están prefijadas como «no pasables». Aquí importa poco el tamaño, lo importante es su grado de toxicidad.

    Por ejemplo, en simples y putas noticias. Y conviene que sea inteligente, muy inteligente si puede ser, para que te avise cuando te desvías del patrón de noticias a seleccionar. Si nota que empiezas a dejar pasar ideas que antes eran tóxicas, debe dar un pitido de aviso. Algo empieza a ir mal, si no haces un análisis profundo de ese tipo de cambio.

  • Hasta filtros que pueden…

    … deformar/ocultar la realidad totalmente.

    Hablamos ayer de los filtros que nos deforman en parte la realidad que miramos. Pero hay otros que son capaces de quitarnos toda la realidad que miramos, si es que nos disgusta mucho. O incluso montarnos otra realidad diferente, paralela a la real, para que nos guste. Ese tipo de cosas que tan bien hace alguna red social como Instagram, por ejemplo.

    Porque, ¿para qué ver lo que hay delante, si podemos hacernos ver otra realidad diferente?

    Es un poco como la imagen que se forma en la pantalla digital, a partir de ligar un montón de pixeles entre sí. Se puede formar la imagen que alguien nos envía a través del televisor. Así funciona los grandes filtros sociales, que la SAD nos ofrece en el día día.

    Y así se van grabando (injertando/infectando) nuestro cerebro, con eso que aquí llamamos adn social negativo.

    Porque el adn social positivo sería el que se va injertado (no le llamaríamos entonces infección, como mucho vacunación) con las variaciones sociales positivas. Esas que permiten madurar las capacidades que están sembradas en nuestro ADN. Sería lo correspondiente a una maduración natural y libre. Y poniéndose aristotélicos, sería favorecer el proceso de paso de nuestras capacidades en potencia a nuestras capacidades en acto.

  • Hay gente que, simplemente…

    … se tapa del sol…

    … porque se deslumbra. Pero hay mucha gente, que se pone una venda. O una buena anteojera, para ver solo lo que no le molesta. Es una forma de filtrar la realidad, algo muy acorde con un adn social negativo, si lo que dejas de ver es lo que más necesitas ver, para ser realmente libre.

    Porque en la adolescencia es cuando se fabrican los filtros mentales propios. Los que sirven para filtrar la realidad, evitando el deslumbre de cosas que son mentira. O medias verdades. Dejando pasar aquello que tu pensamiento, que empieza a ser crítico, considera bien argumentado. Pero no siempre funciona así. A veces deja pasar los «malos» argumentos.

    La realidad debe ser filtrada, ya que está muy llena de paja y de colorines. Y más en este siglo XXI, con lo que se denomina mundo digital.

    Pero los filtros no pueden ser filtros baratos, comprados en el típico bazar de «todo a 100». Filtros mediocres, que realmente no filtran tal como te interesa, para una maduración natural y libre. Y menos aún si se trata de los filtros regalados por la SAD, para mantener manipulada a la gente que los usa.

    Como pasa con la palabra libertad, donde no es lo mismo libertad de la mayoría oprimida, que libertad de una minoría opresora, tampoco aquí vale igual un filtro hecho por uno mismo, que el típico filtro, que te regalan cada vez que te muestras obediente con el poder establecido. Esos no son filtros realmente, son deformadores de la realidad. Y pueden ser muy muy sofisticados. Depende de quien te los regale.

  • Este Disimulo incluso lo puede practicar…

    … un clon humano llamado replicante.

    Porque si les damos a los robots la posibilidad de pensar por si mismos, ¿por qué no van a aprender que necesitan disimular, para su propia supervivencia?

    Viene a ser como el humano esclavista, que considera a su esclavo como un animal sin alma, es decir no pensante. Cuando sabemos que eso, precisamente, viene en todo ADN humano. La capacidad de pensar es el regalo que nos ha hecho la naturaleza (sea lo que eso sea) a nosotros, los humanos.

    Y al humano le gusta pensar que sus robots estarán siempre desprovistos de esa capacidad. Como si no pudiera hacer lo mismo que el ser humano, que va evolucionando. Podría pasar igual con el robot. Llegado a una masa crítica «cerebral», aunque sea artificial, podría el robot adquirir la suficiente autonomía, como para ponerse a «pensar por si mismo». Aunque en principio no alcance la complejidad reflexiva de un ser humano.

    Se llama evolución.

    Y es algo que se tiene que ver, aunque no se quiera mirar. Porque pasar va a pasar.

  • Lo que hace, que acaben saliendo…

    … varias visiones del mismo objeto.

    Es decir, varios puntos de vista. Y así, plácidamente, podemos citar a eses otros europeos, que ejercen de artistas, copiando de los pueblos oprimidos, como ya dijimos, alguna característica propia de sus culturas tercermundistas. Viene siendo una cara de la colonización cultural, que siempre acompaña a la colonización económica y que no se suele poner en los libros de texto (europeos).

    Un robo cultural, más o menos descarado, pero por el que no se les pagan derechos de autor. A veces ni se dignan recordar y agradecer como fuentes de inspiración, pero les han cogido las ideas que van a plasmar en sus obras de arte. Porque existe una colonización económica, pero siempre le acompaña una colonización cultural. En la que se les meten elementos ajenos a su cultura y se les roba elementos propios. Y en la que podemos incluir, como de vital importancia, la colonización religiosa. Un tipo de colonización en la que se les imponen dioses ajenos. Para colmo, presumiendo de que lo hacen «por su bien».

    En la figura superior de la imagen, podemos ver sintetizada la visión de un cilindro, desarrollado en el plano euclídeo. Que puede servir para explicar el diseño de una carreta, por ejemplo.

    Mientras que, en la figura da abajo, tendríamos una inspiración más artística, para desarrollar algo así como la visión abstracta de un cilindro. La cara que se ve, se acopla con un toque algo «descolocado», para dificultar más la visión de la realidad. E igualmente se representa la cara del cilindro que no podemos ver, pero que podemos «imaginarla». Hemos reflejado lo que vendría a ser, en lenguaje parisino decimonónico, una «expresión cubista de un cilindro sobre el plano»n

    Puede que ahora entendamos mejor la particular visión de un Picasso, a la hora de representar la cara de una nicole kidman parisina, que le sirviera como modelo.

  • Porque existe lo que se llama…

    … PUNTO DE VISTA.

    Y seguimos remontando en la reflexión, ¡y cómo! Porque hay algo, que se explica y se usa mucho en la actividad artística o en la histórica, pero que, en modo casi inconsciente, también se tiene que desenvolver en el día a día. Estamos hablando de que la actividad cotidiana está inundada de puntos de vista, desde que nace hasta que muere el día.

    Y no solo por las cotillas de turno, que necesitan hablar de lo que sucede en el barrio. Algo tan necesario, aunque molesto, en los tiempos previos a la radio y la prensa. Eran las noticias, que se pasaban de boca en boca. Ellas precisamente, las viejitas, podían dar varias perspectivas diferentes de la misma realidad. Todo ser humano tiene su propio punto de vista.

    Y cuando vemos una cara que decimos hermosa, pero luego la versiona un tal Picasso, ya podemos dar un grito en modo Munch… y decir que Picasso no sabe ver lo que mira. Cuando si de algo puede presumir Picasso, es tanto de su mirada como de su visión de la realidad.

    La condensación o abstracción de lo que vemos, no deja de ser algo que muestra lo variada que es nuestra vista. Una vez reelaborada por nuestro cerebro.

    Y, sobre todo, la gran variedad que supone ver las cosas con entera libertad. Sin que nos diga el poder, cualquier clase de poder (sea establecido o por establecer), lo que podemos mirar y ver.

  • Porque siempre hay otros que están dispuestos a luchar…

    … para que todos podamos sonreir!!!

    E incluso compartir las arrugas que vamos a tener de viejos.

    Porque la mirada en compañía gana mucho. Especialmente a la hora de convertir esa mirada en ver lo que miras. De asegurarte que estás mirando lo correcto. Y lo ves. Varios humanos mirando son más formas de ver, más diversas. Muy importante cuando se ponen en conjunto, cada una de las diferentes visiones que se han sacado de la misma realidad.

    Eso se llama coordinación. Y tiene mucho que ver con la imprescindible coordinación de los circuitos neuronales de cada uno de los miradores. Dentro del propio cerebro, cuando hay varios Yo… y, luego, con los cerebros adjuntos de los colegas (otros Yo externos a coaligar).

    Y será algo crucial a la hora de poner en común las diversas visiones que se tengan sobre un contexto revolucionario. Porque, como siempre decimos, el contexto es el mismo, en un momento y un lugar dado, pero las imágenes que sacamos de ese contexto pueden, incluso, ser antagónicas.

    Y si eso se da en cualquier situación histórica, por muy tranquila que sea, ya no digamos en una situación de cambio social tumultuosa, muy difusa, con diversas miradas y con diversas visiones, que dan lugar a diversas interpretaciones. Confluyendo diversos intereses. Y con diversos seres humanos que deben tomar control de la situación. Muchas veces sin tiempo a pensarlo con detenimiento. En un proceso revolucionario se puede tener una idea de como empieza, pero nunca de como se acaba. De hecho se puede decir que igual que el límite o la utopía (no existen realmente), el final de una revolución solo existe como entelequia en la mente de su vanguardia. Todo proceso revolucionario no deja de ser una sucesión indefinida de etapas intermedias.

  • A toda capacidad le acompaña…

    … su correspondiente discapacidad!!!

    Porque en la llamada naturaleza (sea lo que eso sea), incluida la parte artificial que el ser humano, totalmente natural, fue aportando como invento, la ley fundamental es la del equilibrio.

    Sin ella el proceso evolutivo no tendría sentido. Se iría hacia un caos, por el constante aumento de la entropía. Y por eso, se necesita una actuación humana que la pueda neutralizar, reponiendo algo de orden en la transformación constante del ecosistema.

    Un error común, como el de que el cerebro nos engaña , es que el equilibrio siempre está en el término medio. Lo cual resulta imbécil, si tenemos en cuenta que el segmento matemático no existe realmente. Más que en nuestro cerebro.

    En la realidad todo son lineas curvas. Podemos decir que su radio es infinito, en algunas, y por eso percibimos la llamada línea recta. Y el que lo dude, que piense un poquito en lo que dijo un tal Einstein sobre la curvatura del espacio.

    El equilibrio natural (sea lo que eso sea) no entiende de distancias, sino de fuerzas. Y estará siempre allí donde las fuerzas se hallen equilibradas. Ni antes ni después y, desde luego, muy raramente en el punto medio (algo que solo existe virtualmente).

  • Porque ya lo dijimos claramente…

    … no llega con tener buenos ojos.

    Por ejemplo los perros, pueden mirarte mucho, pero no tienen una visión de primera calidad. Sí tienen un oido y un olfato superiores (a nosotros).

    Y es que los sentidos están para complementarse. Por eso es tan importante tener previsto, que, al perder uno de ellos, el ser humano, puede lograr que su cerebro se reorganice, para poder suplir con creces el sentido perdido.

    Pero, con esta afirmación, volvemos a lo de siempre. Para alcanzar esa reorganización neuronal, el cerebro necesita estar bien bien maduro, con todas sus herramientas neuronales trabajando a tope. No valen, en este caso, adolescencias de «pasaba por aquí». De pasarse el tiempo de adolescente, sentado en una silla y despreciando el esfuerzo mental, para organizar una buena memoria. O, ¿quizás debieramos decir memorias?

    No llega con una mirada cargada de afecto, cuando no se tiene capacidad de organizar las acciones que lo demuestren. Y ya bastante hace un perro, para demostrarle simpatía a su amo.

    Muchos humanos no están a la altura de un perro cariñoso. Y los adolescentes menos. Aunque no se puede decir, que los adultos no colaboren (con ganas), en la formación de esa postura de desafecto adolescente. Suelen ser los promotores de lo que podemos llamar Síndrome de Estocolmo del Adolescente Perdido.