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  • Porque, si te FIJAS bien, puedes VER…

    … cuerpos humanos abandonados.

    Y entonces ya no entra solo la memoria visual a trabajar. Hay otras cosas en tu memoria que se van a levantar sin permiso, de sus cómodas camas. Y hacer de tu espacio mental un campo de batalla.

    Es entonces cuando decimos que entran las emociones a remover esos cuerpos de tal forma, que se hacen como electrones en busca de cualquiera parte donde perderse (de tu vista). ¡Pero no «se pierden»!

    Hay que fijarse (atención) y hay que tranquilizarse (mínima emoción), para tener una buena visión de la realidad. ¿A qué ahora ya no parece tan simple esa diferencia básica entre mirar y ver?

    Pero ya no estamos en ese paso, diferenciar entre mirar y ver, vamoso avanzando : ahora hablaremos de las diversas formas de ver.

    De dejar las emociones, por ejemplo, para cuando hayamos visto lo esencial de la realidad que estamos mirando. Por ese motivo, un policía no se puede involucrar en una investigación donde se halle emocionalmente unido a una víctima. No podrá ser objetivo.

    Y ya hemos hablado de filtros lo suficiente, como para entender que un filtro emocional, mientras observamos la realidad es todo menos conveniente. Es un muro filtro contra el que se va a estrellar nuestra inteligencia racional, porque todo el campo de visión lo tendrá controlado la inteligencia emocional. Y eso no es ver, es, como en los sueños, alucinar.

  • Porque ver la realidad puede ser algo…

    … que te echa para atrás.

    Porque no todo lo que requiere nuestra atención es un puto y simple encerado. ¿Y si son una serie de sombras que aparecen en un tejado acristalado, de un vulgar cuartel chileno?

    Como dijimos antes, vamos. a buscar el cuerpo destrozado de nuestro hijo, secuestrado por la policía chilena. ¿Cómo hacemos para mantener la calma imprescindible, en estos caos?

    Si dejamos que la visión que tenemos de la dura realidad nos desconcierte, entonces todo lo que veamos se tuerce. Ya no habrá visión correcta, solo un montón de sombras, normalmente llenas de sangre (dinámica) y desesperación (estática) que nos van a impedir ver correctamente.

    La impresión de una desgracia, por un enfrentamiento con el poder recién conquistado, son una forma fatal de perder la visión racional. Todo será un ver a través de la inteligencia emocional y, para colmo, en su modo de actuación menoso inteligente.

    Los grandes fracasos como humanos están asociados a la falta de visión de quien debía tomar una importante decisión. Y nunca está en las manos precisamente de ciegos o impedidos. Suelen ser los más preparados, según ellos (y la SAD) creen, los causantes de los mayores males terrestres.

  • Pero con el agravante, de que el cuerpo a ver…

    … se mueve al azar constantemente.

    Es como si nuestro Wally se fuera moviendo por la imagen, entre otros wallys que resultan (a primera vista) indistinguibles. Y no quiere decir que la seca hoja del castaño, o la espina traidora del cactus, ya no digamos el pobre Wally perdido… enloquezcan en modo browniano, y le entre una especie de baile de San Vito. No. Estamos hablando de un movimiento más bien estático, en lo visual (ojos), pero muy dinámico en lo mental (neuronas), debido precisamente a esa carga emocional que no nos deja observar con atención. Esa atención que es fundamental para poder ver lo que miramos.

    Ni la hoja, ni la espina, ni Wally se cambian de sitio en la realidad que conforman. Pero su reproducción mental (la película que se está grabando en nuestro cerebro) si que se va formando a partir de una serie de partículas visuales, que se van trasladando a la velocidad de la luz, entre las diversas neuronas, que van a formar el circuito/archivo mental. Y un archivo que puede recoger muchos más detalles adjuntos a la imagen, que los que realmente se hallan incrustados en la realidad que estamos mirando. Es como si «nacieran» elementos visuales, que no están en la escena real que estamos viendo. O no son tal como «los grabamos».

    Ya hablamos de las emociones, pero también actúan todos los elementos difuminantes que existen en la realidad que estamos mirando. Ya sin contar la gran cantidad de despistadores datos, que vienen de la memoria ROM/MOR, están los datos poco fiables que rodean la parte de la imagen «oculta» (en principio). Esos que velarán parte de la realidad mirada y nos dificultan introducir nuestra «mirada cerebral», dentro del entramado de tanta paja y poco grano, que forman la realidad observada.

    Viene a ser como cuando queremos observar un objeto que se halla rodeado de neones (luces chispeantes) y demás tribu disipadora visual. Nos cuesta una barbaridad distinguir alguna línea real, entre tanto rayo virtual. Excesivamente coloridos y llamativos. Hasta deslumbrantes y nocivos.

    Así que no es nada fácil, incluso la parte de la realidad observada puede estar totalmente estática. Pero nuestra mente va mirando a cien por hora, especialmente si no somos policías muy avezados, o estamos involucrados emocionalmente en aquello que miramos tan fijamente.

    Viene a ser algo así como «ver en movimiento». Algo que las cámaras de fotos solo pudieron lograr, una vez que fueron electrónicas.

  • En cierto modo, viene a ser como encontrar al mismo Wally…

    … en su característica multitud.

    Pero con la peculiaridad de que todos los integrantes de la imagen son wallys. Es decir, muy parecidos a Wally. Porque ya sabemos que nos hay dos humanos iguales, ni siquiera siendo clones, pero a primera vista nos lo puede parecer…

    Un poco como al hablar de que un primer plano (o una gran panorámica) nos impide centrar la vista en aspectos muy concretos de esa realidad que estamos observando. Y, otra vez, la emoción de ver a nuestro hijo, por ejemplo, nos impide observar con calma el escenario, para buscar otros matices, de la escena de teatro real que estamos viendo.

    Entonces llega la gran ocasión.. y tenemos que ver a Wally, en la multitud. Pero resulta que todos se parecen a Wally… ¿Cómo resolver ese problema?

    ¿Cómo diferenciamos a Wally de aquellos que se le parecen? ¿Qué preguntas nos podemos hacer, o le podemos hacer a él (aunque no conteste), para diferenciarlo de sus «parecidos»?

    Por fin podemos asumir la gran diferencia entre mirar para un grupo de rosas, o intentar ver sus posibles (seguras!) diferencias?

  • Porque VER es algo así como montar…

    … un puzzle de mediana dificultad.

    Puede que nunca viéramos lo que vamos a ver, pero sí tenemos seguro, si no estuvimos rascándonos la barriga durante la infancia, una ligera idea de algunas cosas que conforman ese puzzle visual. Hay piezas que nos resultan más conocidas que otras. Porque siempre hay parecidos, por lo que podemos alcanzar a ver elementos desconocidos, a partir de otros que ya vimos antes.

    Aún no tenemos su imagen en la memoria, pero podemos ir experimentando situaciones de encaje, simplemente por ensayo y error. Allí donde encaja, nos lo dirá «visiblemente». Y donde no encaja también, aunque necesitemos estar muy despiertos mirando. Poner mucha atención en la difícil tarea de ver.

    Y estamos con eso : el filtro de las emociones.

    Porque al mirar algo, podemos tener un choque de trenes emocionales de mucho cuidado. Por un lado se viene el tren bien cargadito de las emociones que nos llevan a querer ver determinada cosa. Por ejemplo, el cuerpo de nuestro hijo aún vivo… en un atentado. Esas son la emociones que nos hacen «ver» vivo al hijo…

    Pero por el otro, el tren viene cargadito con las emociones, que nos ofuscan el entendimiento y no no nos dejan ver cosas importantes, para, por ejemplo, buscar al culpable del atentado. Y así es como el puzzle se nos complica. ¡Y mucho!

  • Así que sí… hay que ver todo lo escrito…

    … en una simple rosa…

    Porque seguiremos diciendo, que la flor es para leerla… y mejor libre en su ecosistema natural. Allí nos podrá decir todo lo que tiene escondido, pero dispuesta a hacerlo visible si nosotros queremos. Solo tenemos que desenfundar nuestro punto de vista. Ninguna otra arma necesitaremos.

    Y siempre, siempre, acompañando la información visual directa con todo ese conjunto de datos, que tenemos almacenados en nuestra memoria. Y bien organizados (o eso deberíamos). Esa parte de nuestra mente, dónde, como se dice en la página que habla del alma, una bibliotecaria especializada, se encarga de ir recogiendo los datos recibidos, para colocarlos convenientemente en disposición de ser luego usados de la forma más eficiente posible.

    Porque para ver de verdad, se necesita mucha atención y profesionalidad, en esa tarea de sintetizar la realidad en los pixeles necesarios, sin que falten ni sobren, para que la imagen obtenida sea de la mayor calidad posible.

    Y eso no se consigue si no realizamos la combinación adecuada de inteligencia racional y emocional. Siempre sin dejar que la segunda doblegue a la primera. Haciendo así que podamos ver bien lo que miramos, para profundizar en la esencia de esa visión.

    Si no sacamos de la rosa, todo lo que ella nos quiere dar, entonces no la estamos viendo… solo mirando. Así de sencillo.

  • O este cúmulo tan macho de…

    … un simple y recogido pino.

    Que ni flor parece. Un simple conglomerado de saquitos contenedores de un polvo amarillo, que nos va a cubrir terreno, charcos, ropas y demás superficies a dónde el viento decida transportarlo.

    La parte masculina del pino hermafrodita, ese vegetal que aún no pudo descubrir que se podía sentir sexualmente binario, pero le era imposible sentirse no binario.

    Y no vamos a adelantarnos en nuestra reflexión, pero qué panorama más complicado (en varios frentes) se nos ofrecerá más adelante, cuando hablemos de ser lo que somos o lo que pretendemos ser : monosexuales, bisexuales, no binaries… con todos sus problemas colaterales de orientación sexual habidos y por haber. Ese algo (debate) que no está al alcance de los «pobres» vegetales… y cuidamos que tampoco de los animales «inferiores» o no inteligentes (salvo futuros descubrimeientos de las Nuevas Biblias del siglo XXI).

    El pino no puede ver todo eso que nos dicen los sentimientos. Porque, curiosamente, hay seres humanos capaces de ver una mujer en un hombre, pero no ver el sufrimiento de una cría humana por la manipulación de su mente (y de su cuerpo).

    Hay mucho que mirar con atención en estas líneas, como podemos ir «viendo», sobre el tan complejo comportamiento humano. Y por esos le damos vueltas al papel que cumple nuestra mente, y lo que «ella» pueda ser (nuestro ADN), en ese comportamiento. Que, para eso, hemos adjuntado una página en este mismo blog sobre la mente humana, al hilo del pensamiento cartesiano.

  • Por ejemplo,…

    … esta preciosa melena.

    Que ni flor parece. Pero debemos ser capaces de descifrar su escritura y llegar a la conclusión de que «debe ser una flor». Ya más difícil será saber si tiene sexo. Porque hasta ahora nunca hablamos de que en la flor también se puede ver, mejor sería decir entrever(o estudiar), si es que tiene sexo y cual puede ser.

    Claro que para eso se necesita mucha ROM/MOR. ¿Amor por las flores?

    Y eso nos hace tomar el punto de vista científico, al observar una flor. Para indagar su mecanismo reproductivo. Comparando lo que ya sabemos y aquellos nuevos datos, producto de nuestra observación actual.

    Un buen momento reflexivo, para remachar el asunto de la biodiversidad. Ya que precisamente fue la naturaleza (sea lo que eso sea), quien se empeñó en usar la diversidad como filtro muy preciso, para hacer más variado el colectivo de seres vivos, que iba produciendo.

    En concreto fue con la reproducción sexual, como dio un avance enorme en el proceso evolutivo de los seres vivos. Porque permitió más variedad en las posibles mutaciones y consiguió, de paso, un método para hacer una selección más eficiente, a la hora de eliminar las mutaciones negativas.

  • Lo dicho, hay que aprender a leer…

    … lo que vemos.

    Así que toca ir resumiendo lo visto en todos estes ejemplos con flores, que trataban de hacernos trabajar con el concepto de PUNTO DE VISTA.

    Porque te puedes acercar a una flor como un romántico o como un científico, pero en ambos casos, necesitas ser un vidente. No el que «ve» fenómenos paranormales, ni nada de eso. Se trata de ver en profundidad, de observar con atención lo que miras.

    Sea una simple mirada para apreciar su belleza o una mirada más compleja, para observar los elementos que la naturaleza usó, para construir ese edificio tan bello.Y tan útil, una vez que madura su fruto.

    Porque una flor, como todo ente material (o virtual), que se nos presenta delante de los ojos, es como un libro… pero cerrado, en principio. Tenemos que aprender a abrirlo con mucho cuidado y a ir pasando sus hojas. Y ser capaces, al pasar la vista por las palabras que tiene escritas (o sus imágenes), de ir descifrando lo que ellas nos quieren contar.

    No es muy diferente leer la rosa que presentamos en la imagen, con ir pasando los impresos pétalos escritos por Homero, cuando leemos la Odisea, por ejemplo.

  • Pero diverger no es negativo, siempre que el conjunto…

    … resulte armónicamente unido.

    Cuando vemos una rosa, nunca vemos unos pétalos separados. Están unidos formando un conjunto armónico, donde cada uno de ellos juega su papel en la belleza resultante. Porque están combinados de tal forma, que la frase así formada es muy coherente. Hasta se puede interpretar como un grupo de amigos, que han decidido unir sus manos, para un baile lleno de color, aunque se alrededor del rosa. Y también de olor (si los humanos se lo «dejaron»).

    Pero sobre todo nos llega a trasmitir como una paz, salvaje pero muy llena de vida, a modo de tímida invitación, para tener un montón de pensamientos positivos.

    En lo que los europeos llamamos «zona oriental terrestre», saben mucho de este tipo de cosas. Escuchan a las flores , hablan con ellas. Saben percibir en la rosa, muchas más palabras que las escasas que podemos percibir los civilizados europeos.

    Y es que en el llamado Oriente, siempre supieron leer mucho mejor en «modo ciego». Es decir, captando lo que parece oculto en un visionado superficial tipo europeo. Es como si ellos tocaran con sus ojos, lo que están viendo.

    Y por eso «ellos» tienen la capacidad de provocar una mirada muy interna, que profundice en nuestra mente. Es lo que le llaman meditar. Que no es precisamente el vicio occidental de «pensar en las moscas» o «estar en las nubes».