Categoría: política

  • Porque solo nosotros, los humanos,…

    … generamos muros filtro virtuales.

    Muros que no existen, como si existen los muros de acumulación de materia inerte, o viva (vegetales, humanos con armas o sin ellas…). Incluso muros que resultan invisibles, pero sentimos su presencia inmaterial. Todos ellos impiden que sigamos caminando por la senda que habíamos tomado.

    Son los muros de peaje. Esos que pone el poder establecido para discriminar a los buenos súbditos, lo que pueden pasar, de aquellos que son «diferentes», en este caso malos súbditos, y que no pueden pasar. Son discriminados los que tienen alguna peculiaridad que el poder establecido no quiere admitir como positivo. Ni siquiera como neutro.

    Y los peores son los muros virtuales. Muchos de ellos falsamente virtuosos, aunque sean promovidos por las llamadas iglesias. Porque ese tipo de muros virtuales son los que separan a los que tienen ganado el reino de este mundo de los que deben ser castigados, sea por un pecado original inxistente, o por los sucesivos pecados que esas iglesias han ido fijando a lo largo del tiempo de opresión que han establecido.

    Hasta ese Juicio Final. O hasta los sucesivos juicios civiles y militares, por los que deben pasar eses humanos con etiqueta social de DIFERENTES. Eses seres humanos que no quieren seguir las normas sociales establecidas por la SAD.

    Aunque tu diferencia con «los otros» consista simplemente en que eres una cría humana, que llevas lógicamente la marca de la regeneración social en tu ADN. Entonces es cuando los herodes del sistema social dominante (o SAD) deben buscarte por los belenes del pueblo, para acabar con tu vida. Y que ellos puedan dormir tranquilos una buena temporada. Hasta que nazca la nueva promoción de crías humanas… y vuelta a empezar.

  • Incluso mucho antes de que…

    … tú mismo hayas nacido!!!

    Cuando siendo un feto sin el sentido de la vista, ya estabas sintiendo lo necesario para poner tu atención en lo que te rodea. Ya tenías un mínimo de madurez cerebral, para saber a ciencia cierta, que ibas a depender el resto de tu vida (no imaginada aún), de como organizaras los signos vitales que te llegaban : un latido, la suavidad de un fluido, el apagón de una sensación rara «como sed o hambre»… todos los datos que se iban acumulando, lo mejor organizados posible en una ROM/MOR, que ni por asomo estabas capcitado ni siquiera para imaginar su existencia.

    Y, lo malo, es que algunos seres humanos llegan a adultos en circunstancias muy parecidas. Aislados de la realidad, voluntaria o involuntariamente.

    Es como si no hubieran podido salir del «útero adolescente». Les falta el líquido protector e incluso el cordón umbilical, con su propio ADN. Por lo que salen a su adultez con una mochila muy precaria. Casi vacía de herramientas para defenderse (y atacar) en su nueva etapa de adulto humano. Además en un ecosistema mucho más duro que el que «sufrió» hasta ahora.

    Porque la mochila adolescente, que ya empezó a llenarse en la etapa infantil, no deja de ser una metáfora del cordón umbilical, que nos tenía unido a nuestra madre durante su embarazo.

    Una vez paridos, ya solo nos queda ir cogiendo de aquí y allá, diversos conocimientos, que nos servirán de herramientas para defendernos como adultos. En cierto modo son los huesos, para usar siempre en modo positivo, que descubrió el humanoide peludo de la peli del Kubrick. Con ellas seremos capaces de adaptarnos a los cambios del ecosistema donde nos toque vivir.

  • Porque, si te FIJAS bien, puedes VER…

    … cuerpos humanos abandonados.

    Y entonces ya no entra solo la memoria visual a trabajar. Hay otras cosas en tu memoria que se van a levantar sin permiso, de sus cómodas camas. Y hacer de tu espacio mental un campo de batalla.

    Es entonces cuando decimos que entran las emociones a remover esos cuerpos de tal forma, que se hacen como electrones en busca de cualquiera parte donde perderse (de tu vista). ¡Pero no «se pierden»!

    Hay que fijarse (atención) y hay que tranquilizarse (mínima emoción), para tener una buena visión de la realidad. ¿A qué ahora ya no parece tan simple esa diferencia básica entre mirar y ver?

    Pero ya no estamos en ese paso, diferenciar entre mirar y ver, vamoso avanzando : ahora hablaremos de las diversas formas de ver.

    De dejar las emociones, por ejemplo, para cuando hayamos visto lo esencial de la realidad que estamos mirando. Por ese motivo, un policía no se puede involucrar en una investigación donde se halle emocionalmente unido a una víctima. No podrá ser objetivo.

    Y ya hemos hablado de filtros lo suficiente, como para entender que un filtro emocional, mientras observamos la realidad es todo menos conveniente. Es un muro filtro contra el que se va a estrellar nuestra inteligencia racional, porque todo el campo de visión lo tendrá controlado la inteligencia emocional. Y eso no es ver, es, como en los sueños, alucinar.

  • Porque ver la realidad puede ser algo…

    … que te echa para atrás.

    Porque no todo lo que requiere nuestra atención es un puto y simple encerado. ¿Y si son una serie de sombras que aparecen en un tejado acristalado, de un vulgar cuartel chileno?

    Como dijimos antes, vamos. a buscar el cuerpo destrozado de nuestro hijo, secuestrado por la policía chilena. ¿Cómo hacemos para mantener la calma imprescindible, en estos caos?

    Si dejamos que la visión que tenemos de la dura realidad nos desconcierte, entonces todo lo que veamos se tuerce. Ya no habrá visión correcta, solo un montón de sombras, normalmente llenas de sangre (dinámica) y desesperación (estática) que nos van a impedir ver correctamente.

    La impresión de una desgracia, por un enfrentamiento con el poder recién conquistado, son una forma fatal de perder la visión racional. Todo será un ver a través de la inteligencia emocional y, para colmo, en su modo de actuación menoso inteligente.

    Los grandes fracasos como humanos están asociados a la falta de visión de quien debía tomar una importante decisión. Y nunca está en las manos precisamente de ciegos o impedidos. Suelen ser los más preparados, según ellos (y la SAD) creen, los causantes de los mayores males terrestres.

  • Por lo cual solo queda una cosa por hacer…

    … fijar al máximo tu ATENCIÓN.

    Y volvemos así, al santa santorum del aprendizaje: sin atención no se aprende. Pero «prestar atención» requiere, básicamente, cierta frialdad en el mirar.

    Sin la necesaria atención a todos los recovecos de esa realidad que observamos, poco podemos ver. De nada vale usar maravillosos filtros o tener una memoria de caballo. Lo observado quedará cojo en definición, porque nos faltarán piezas del puzzle visual. O las tendremos en perpetuo movimiento, por la presión emocional que nos invade. Tendremos la pieza en la mano, pero nos será imposible «colocarla» en su sitio.

    Debiéramos ver que la gran complejidad de un acto que parece nimio, requiere que lo tomemos en serio, muy en serio. Eso de mirar «la pantalla», como si estuviéramos de paso, no vale ni para ver ni para jugar aun videojuego con cierta posibilidad de ganar.

    Y por eso el gran fracaso de la llamada enseñanza educativa, aunque realmente es domesticadora, es debido a la falta de atención del alumnado. Unido a la incapacidad para hacer fijar esa atención por parte del profesorado. Quien, como mal profesional, no es capaz de poner siquiera su atención en el alumnado que tiene delante. ¡Sobre todo en su divergente diversidad!

    Viene a ser como conseguir la atención de un caballo, para que te preste la necesaria atención, que puede dar lugar a que te ganes esa confianza que debe tener contigo. Solo entonces puedes domar al caballo salvaje. Y eso es lo que permite «domar» al alumnado de un aula. Pero con la diferencia, la gran diferencia, de que al humano se le tiene que dar confianza constantemente (no engañarlo… en eso es como el caballo), porque la desconfianza de la cría humana va a ser gigantesca. No llega con ese momento crucial en que vences el instinto de libertad que tiene un caballo. El ADN humano es mucho más resistente y profundo. SU ansia de libertad te la tienes que ganar en el día a día, minuto a minuto. Y, sobre todo, argumentando cada vez mejor lo que quieras que haga esa cría humana. El instinto del caballo lo deja ya atrapado, una vez ganado. La inteligencia del humano, su ADN, le impide quedar atrapado al 100%. Puede quedar lisiado el cuerpo, pero nunca prisionera la mente.

  • En cierto modo, viene a ser como encontrar al mismo Wally…

    … en su característica multitud.

    Pero con la peculiaridad de que todos los integrantes de la imagen son wallys. Es decir, muy parecidos a Wally. Porque ya sabemos que nos hay dos humanos iguales, ni siquiera siendo clones, pero a primera vista nos lo puede parecer…

    Un poco como al hablar de que un primer plano (o una gran panorámica) nos impide centrar la vista en aspectos muy concretos de esa realidad que estamos observando. Y, otra vez, la emoción de ver a nuestro hijo, por ejemplo, nos impide observar con calma el escenario, para buscar otros matices, de la escena de teatro real que estamos viendo.

    Entonces llega la gran ocasión.. y tenemos que ver a Wally, en la multitud. Pero resulta que todos se parecen a Wally… ¿Cómo resolver ese problema?

    ¿Cómo diferenciamos a Wally de aquellos que se le parecen? ¿Qué preguntas nos podemos hacer, o le podemos hacer a él (aunque no conteste), para diferenciarlo de sus «parecidos»?

    Por fin podemos asumir la gran diferencia entre mirar para un grupo de rosas, o intentar ver sus posibles (seguras!) diferencias?

  • En cierto modo, es como buscar una hoja…

    … en un castañar otoñal.

    Porque todas las hojas son casi iguales pero, al mismo tiempo, muy diversas. Sí, tienen algo de «cuánticas». Tal como le pasaba a las espinas del cactus, iguales pero diferentes. Son muy variadas. Y sin saber siquiera la probabilidad de encontrar una determinada. Como un electrón en una nube de carga atómica.

    Queremos ver una de ellas, pero resulta una tarea imposible, sobre todo si no sabemos muy bien «lo que buscamos». Por mucho que miremos el suelo, nada positivo nos dirá, si no somos capaces de hacer intervenir diversos filtros mentales. Como se dice en otros momentos ,»hacer actuar a los diversos departamentos operativos, que conforman nuestro cerebro». Sin olvidar, como dijimos ayer, que debemos evitar que otras capacidades humanas genéticas, como la inteligencia emocional, nos pueda desviar de nuestra atención. Necesitamos cierta emoción para buscar lo que queremos ver, pero sin que nos impida usar los filtros de visión pertinentes.

    Toda referencia que nos de la ROM/MOR es poca, para cuando queremos atisbar algo concreto. Y por eso, aprender desde crías resulta imprescindible. Nada de lo que nos pasa, bueno o malo, debe ser usado sin sacar alguna buena consecuencia.

    Y cuando tenemos memoria, incluso si es temporal (tipo RAM/MONR), debemos aprender a usarla con eficiencia. Nada de memorizar mecánicamente algo que se va a desprender de nuestra menta, tan pronto como nos relajemos un poco.

    Eso es lo que pasa cuando chapamos para un examen, que, una vez realizado, se convierte en un suelo como el de la imagen : imposible de encontrar en él nada significativo. Todo estará formando un caos de datos inconexos. Y a algunos, con el estrés, se le ensuela la memoria antes del examen.

  • Todo «eso» (de las emociones)hace muy complejo el proceso…

    … de ver bien lo que se mira.

    Hay que aprender a mirar, para aprender a ver. Desde que nacemos y se abren los ojos, es preciso estar atentos a todo lo que nos rodea. Y no solo a mamá, por muy esencial que sea en eses momentos.

    Y por eso, «bendita curiosidad». Sin ella el proceso imprescindible de aprendizaje sería algo imposible. Necesitamos sentir curiosidad por algo, para que ese algo se haga objeto de nuestra mirada y posterior visión.

    Por ese motivo fracasa mucho profesorado. Porque no son conscientes (no quieren?) de que, mientras no consigan la atención de su alumnado, todo lo demás sobra.

    Lo primero e imprescindible, en la interacción con el alumnado, es derribar el muro de desconfianza que trae adherido la cría humana, cuando se le pone delante la autoridad de un profe. Y si este es autoritario, por mínimo que sea, entonces el muro será impenetrable. No se podrá ver nada detrás de él. Y, lo que es mucho peor, el adulto docente, ni cuenta se dará del muro que acaba de construir.

    En ese caso «de muro en el aula», el acto educativo ni empezar puede. Las emociones positivas que deben intervenir en él, están completamente frenadas. Y derivan en emociones básicamente negativas («no me quiere atender»…).

  • Y es que las emociones cuentan y, a veces,

    …determinan lo que vemos.

    Porque conviene siempre tener en cuenta lo siguiente : «ah, qué fácil es mirar (y a veces ni eso), pero que difícil es ver…». Y sí, somos muy pesados. Porque mirar flores es una cosa, pero mirar humanos es otra muy diferente. Sean bellos o considerados feos, los seres humanos tienen capacidades muy superiores a las que tienen las flores más complejas de un jardín. Y, por ese motivo, cuando son despreciadas, supone un tipo de maltrato muy superior al que puede sufrir cualquier flor.

    ¿Cómo podemos hacer para ver lo que no resulta fácil de ver? E incluso lo que no podemos ver, si nos falta una parte importante de información, sobre lo «visto».

    ¿Qué nos puede decir la imagen, si nunca hemos visto a un adolescente abatido? O, como mínimo, un adolescente lisa y llanamente. En este caso, ¿qué nos dice la capucha puesta, por ejemplo? O, ¿qué leemos en el hecho de estar sentado en el rincón de algún espacio «enladrillado»?

    Porque… ¿hasta qué punto queremos ver que nuestra hija se halla sumida en un pozo que, para colmo, puede ser de los que no tienen fondo? Y mucho peor si ese pozo, de alguna manera, lo hemos provocado nosotros. Y aunque el pozo se vista de seda (negra), y suponga poner un velo que te cubre la cara, porque dicen que un dios así lo manda.

    Por mucho que miremos «para esa esquina», ni veremos esquina, ni veremos depresión e, incluso, no querremos ver a nuestra hija, tapada por esa capucha «de camuflaje». Como tampoco queremos ver (algunos) la cara tapada de una mujer (o un hombre). Y es que ver, observar con la mayor calma posible, supone dejar fuera de uso el Gran Filtro de la Emociones… ya que nos va a perjudicar la visión de una determinada realidad… al contaminarla profusamente con datos muy intensos, que pueden ser muy reales, pero que nos impiden ser objetivos. Por ejemplo, cuando calificamos por igual, un velo que tapa la cabeza con un velo que tapa la cara. O un adolescente que va de incógnito, con un adolescente que va deprimido. El contexto es muy muy importante.

  • Hasta ver una flor humana con…

    … su oprimida belleza.

    Porque en este caso no le amputan su olor, que también, lo que le amputan es su expresión más natural y libre. Lo que pueda aportar de belleza humana, en esta etapa de adolescente. Y esperemos que, para mayor venganza, no le hayan amputado también su clítoris.

    Todo se hace más complejo al reflexionar sobre este tipo de «flores», como bien notaremos en su momento. Cuando entremos a reflexionar sobre la maduración de las crías humanas, en el ecosistema tan manipulador de la SAD (sociedad adulta dominante). Porque, la amenaza de lo políticamente correcto, que permite el maltrato infantil, pero persigue la mirada de un viejo a un niño en el parque, no impedirá una serie de reflexiones sobre el particular. A fin de cuentas uno ya es veterano, porque la cuenta suprimida por Tío Google, fue aduciendo «perversión de menores» o algo parecido. Estamos locos, además de ser muy muy mediocres. A esto nos ha llevado el retraso evolutivo de esta versión tan nefasta del homo sapiens, que somos actualmente.

    Así que aprovechemos para hacer notar que estas reflexiones sobre el arte de ver, con atención, con ánimo y una gran necesidad de ampliar conocimientos, deben servir para hacer más libre y natural la navegación por esta internet, tan maltratada por la fauna humana terrestre.

    Sí, se trata de perseguir menos a los llamados viejos verdes, que no se meten con nadie, aunque tengan pensamientos algo disruptivos. Y más perseguir a los matarifes de turno, como los sionistas de Netanhayu, los rusos fanáticos de Putin, los diferentes colectivos opresores, apoyados por la gran Hipócrita Europa y por USA, que maltratan día sí y día también al sufrido pueblo africano, asiático y sudamericano. Sin olvidar a todo colectivo o individuo al que se considera opositor y acaba siendo un simple y cruel terrorista. Y, ya de paso, hacer que se preste más atención a las viejas y viejos del planeta, que tienen que mendigar para que les dejen vivir tranquilos sus últimos años. O a las crías humanas, a las que se les despoja de su necesario futuro.

    Está claro, ¿o habrá que repetirlo muchas veces?