Por lo cual solo queda una cosa por hacer…

… fijar al máximo tu ATENCIÓN.

Y volvemos así, al santa santorum del aprendizaje: sin atención no se aprende. Pero «prestar atención» requiere, básicamente, cierta frialdad en el mirar.

Sin la necesaria atención a todos los recovecos de esa realidad que observamos, poco podemos ver. De nada vale usar maravillosos filtros o tener una memoria de caballo. Lo observado quedará cojo en definición, porque nos faltarán piezas del puzzle visual. O las tendremos en perpetuo movimiento, por la presión emocional que nos invade. Tendremos la pieza en la mano, pero nos será imposible «colocarla» en su sitio.

Debiéramos ver que la gran complejidad de un acto que parece nimio, requiere que lo tomemos en serio, muy en serio. Eso de mirar «la pantalla», como si estuviéramos de paso, no vale ni para ver ni para jugar aun videojuego con cierta posibilidad de ganar.

Y por eso el gran fracaso de la llamada enseñanza educativa, aunque realmente es domesticadora, es debido a la falta de atención del alumnado. Unido a la incapacidad para hacer fijar esa atención por parte del profesorado. Quien, como mal profesional, no es capaz de poner siquiera su atención en el alumnado que tiene delante. ¡Sobre todo en su divergente diversidad!

Viene a ser como conseguir la atención de un caballo, para que te preste la necesaria atención, que puede dar lugar a que te ganes esa confianza que debe tener contigo. Solo entonces puedes domar al caballo salvaje. Y eso es lo que permite «domar» al alumnado de un aula. Pero con la diferencia, la gran diferencia, de que al humano se le tiene que dar confianza constantemente (no engañarlo… en eso es como el caballo), porque la desconfianza de la cría humana va a ser gigantesca. No llega con ese momento crucial en que vences el instinto de libertad que tiene un caballo. El ADN humano es mucho más resistente y profundo. SU ansia de libertad te la tienes que ganar en el día a día, minuto a minuto. Y, sobre todo, argumentando cada vez mejor lo que quieras que haga esa cría humana. El instinto del caballo lo deja ya atrapado, una vez ganado. La inteligencia del humano, su ADN, le impide quedar atrapado al 100%. Puede quedar lisiado el cuerpo, pero nunca prisionera la mente.

Comentarios

Una respuesta a «Por lo cual solo queda una cosa por hacer…»

  1. Avatar de xaqun

    Y por eso es tan importante la atención… si no queremos perder la perspectiva del inicio, para que los cambios sean lógicos, y no derivemos por atajos que nos dejarán inermes ante los cambios del ecosistema.

    El cuento de Caperucita Roja no se hizo para que lo manipulen los políticamente correctos… se hizo para avisarnos de que no todos los amigos son de fiar!!! Y eso vale para humanos y para lobos…

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