Y es que las emociones cuentan y, a veces,

…determinan lo que vemos.

Porque conviene siempre tener en cuenta lo siguiente : «ah, qué fácil es mirar (y a veces ni eso), pero que difícil es ver…». Y sí, somos muy pesados. Porque mirar flores es una cosa, pero mirar humanos es otra muy diferente. Sean bellos o considerados feos, los seres humanos tienen capacidades muy superiores a las que tienen las flores más complejas de un jardín. Y, por ese motivo, cuando son despreciadas, supone un tipo de maltrato muy superior al que puede sufrir cualquier flor.

¿Cómo podemos hacer para ver lo que no resulta fácil de ver? E incluso lo que no podemos ver, si nos falta una parte importante de información, sobre lo «visto».

¿Qué nos puede decir la imagen, si nunca hemos visto a un adolescente abatido? O, como mínimo, un adolescente lisa y llanamente. En este caso, ¿qué nos dice la capucha puesta, por ejemplo? O, ¿qué leemos en el hecho de estar sentado en el rincón de algún espacio «enladrillado»?

Porque… ¿hasta qué punto queremos ver que nuestra hija se halla sumida en un pozo que, para colmo, puede ser de los que no tienen fondo? Y mucho peor si ese pozo, de alguna manera, lo hemos provocado nosotros. Y aunque el pozo se vista de seda (negra), y suponga poner un velo que te cubre la cara, porque dicen que un dios así lo manda.

Por mucho que miremos «para esa esquina», ni veremos esquina, ni veremos depresión e, incluso, no querremos ver a nuestra hija, tapada por esa capucha «de camuflaje». Como tampoco queremos ver (algunos) la cara tapada de una mujer (o un hombre). Y es que ver, observar con la mayor calma posible, supone dejar fuera de uso el Gran Filtro de la Emociones… ya que nos va a perjudicar la visión de una determinada realidad… al contaminarla profusamente con datos muy intensos, que pueden ser muy reales, pero que nos impiden ser objetivos. Por ejemplo, cuando calificamos por igual, un velo que tapa la cabeza con un velo que tapa la cara. O un adolescente que va de incógnito, con un adolescente que va deprimido. El contexto es muy muy importante.

Comentarios

Una respuesta a «Y es que las emociones cuentan y, a veces,»

  1. Avatar de xaqun

    Otro claro ejemplo de que sobra emocionalidad, al mirar y ver… por qué es tan diferente un burka, de llevar la típica capucha de la sudadera bajada, para evitar que nos vean llorar, incluso en seco???

    Necesitamos que la racionalidad tome el mando, para que sepamos buscar soluciones a un problema social, que deja inermes a las crías humanas. Y precisamente a las que pueden estar más preparadas para la regeneración social, porque ellas se plantean más preguntas, de esas que los adultos no le saben responder, ni racional ni emocionalmente.

    De alguna manera podemos decir que las emociones son buenas, una vez que observamos la realidad, pero nunca debemos ponernos a mirar algo con la tasa emocional por las nubes.

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