Categoría: arte

  • Y otro muro menos terrible, cuando ya somos mayores, pero…

    … también muy importante.

    Filtros invisibles (o casi). Nacemos ciegos, de nada vale mirar, porque no vemos. Y podemos estar toda la vida sin ver, o ver solo «a medias». Pero lo malo no es ser ciego, sino hacerse. Porque el ciego de nacimiento aprende a usar los otros cuatro sentidos. Y, por conveniencia, lo aprende lo mejor posible. No tiene ganas de quejarse por el esfuerzo. Pero, ¿qué aprende a hacer el vidente? Aprende a mirar y ver, para tener una visión. Pero, si no se quiere esforzar, se contenta con llegar a tener una visión mediocre. Como el mediocre uso que puede llegar a hacer con su cerebro.

    Podemos llamarle a este muro filtro, que nos pone la sociedad delante, el enorme y profundo muro filtro de la CULTURA. El férreo filtro que supone la llamada Cultura, que puede dejarte como lapidado mucho antes de empezar tu recorrido por la vida. Y que no decimos sea tan terrible, como el de la falta de atención materna, porque sin esa llamada Cultura, se puede acabar siendo un ser humano completo.

    Y es la SAD quien pone el muro de esa Cultura. Así con mayúscula. La que se considera única cultura («la» de verdad!), despreciando cualquier otro retazo cultural, que la gente tenga en su cabeza. Viene a ser el filtro que separará a los cultos de los incultos. Un filtro que dejará pasar únicamente a los elegidos por esa SAD, para que renueven los cargos del poder ya establecido.

    Pero siempre estará la cultura, con minúscula, es decir lo que hace el ser humano a partir de ideas que tiene en su cerebro. Por ejemplo una cesta de mimbre o una rueda de piedra. Todo eso es cultura. Ya no digamos aprender a usar determinados signos (inventados), para comunicarse con otros seres humanos. Es decir, inventar el lenguaje humano.

    Pero la SAD se esmera en despreciar ese tipo de cultura, para poner arriba de todo, en el trono al lado del rey, una Cultura de élite. De la clase social de los poderosos. Una Cultura, a la que no llega la mayoría de la gente. Por ser pobre y estar oprimida, básicamente. En el caso de la imagen, en concreto, se trata de leer Ulysses de J. Joyce. Un gran muro filtro cultural, si no está uno preparado para disfrutar de su lectura.

  • Un ejemplo de muro filtro virtual (y físico)…

    … mucho más que terrible!!!

    ¿Porque, acaso hay algo peor en tu vida, que el tremendo hecho de que TU mamá NO te mime?

    Y volvemos al nacimiento. Hablamos ayer de los muros filtro que parecen invisibles, pero que son mucho peores que los visibles. Porque a los visibles, solo con mirarlos, podemos notar algo en ellos, para saber por donde empezar a conocerlos.

    Pero, ¿qué pasa cuando nacemos? El problema no es un muro externo. Que sí lo hay, y bastante frío y desapegado. Da igual lo que miremos, porque no veremos nada. Tenemos aún los ojos cerrados. Nuestros sentidos guía serán el oído (para escuchar el corazón de mamá) y el olfato (para oler a mamá)… y ahora, una vez nacido, también el tacto (la piel de mamá)… y, por fin, el sabor (la teta de mamá)… así de simple, y así de complejo, es nuestro primer periodo fuera del útero.

    Un proceso vital que nos lleva a conocer la existencia de un ser vivo (no sabemos lo que es) fuera de nosotros. Ya no estamos «dentro de», por lo que necesitamos aprender a agarrarnos.

    Y por eso, empieza a ser fundamental el otro sentido que nos falta : ¡necesitamos ver a mamá! Qué terrible es nacer ciego… pero, cuidado, solo es terrible, mientras no aprendemos a sustituir la vista por los otros cuatro sentidos. Que la pueden suplir perfectamente, solo será más costoso el aprendizaje. Porque los sentidos están para completarse, no para enfrentarse.

  • Y ¿qué podemos decir de…

    … los muros filtro virtuales (o invisibles)?

    Podemos hablar de muros vegetales, de granito, de acero… incluso de titanio reforzado (suponiendo que fuese algo totalmente impenetrable), pero no son esos muros materiales los que resultan más difíciles de atravesar. Tampoco los muros de machotes del barrio, o de los soldados bien armados hasta los dientes. Hay otro tipo de muros filtro mucho más complicados para ser traspasados. Sobre todo pasarlos sin acabar siendo manipulados de tal forma, que nos hacemos nosotros también casi invisibles. Nos convertimos en una especie de marionetas o zombis.

    Hay un estupenda película del gran Buñuel, El ángel exterminador, donde observamos que no hay muros materiales para impedir salir de una mansión. Su puerta permanece abierta, pero ningún humano es capaz de atravesar ese «muro» totalmente invisible. de hecho se puede decir que es inexistente. Por lo menos en un mundo real.

    Pero, por algún extraño fenómeno, podemos ser trasladados, de alguna forma, a un universo paralelo, dónde ese muro adquiere existencia, aunque sea totalmente invisible. Por lo menos para el sentido tradicional de la vista humana.

    Y así, con este caso tan buñueliano, volvemos a notar que ver es muy distinto de mirar. Porque podemos mirar la huella de un zapato sobre la arena húmeda de una playa (en la imagen), pero no ser capaces de percibirla, si no prestamos la atención suficiente. O de las ondas marinas, sobre la arena de esa misma playa, pero… lo importante será «ver» algo que ya no está allí : el zapato con ser humano incorporado o las ondas marinas que ya no están.

    El mar pasó por allí. Y un ser humano pasó por allí. O sea que las huellas que deja la materia también pueden ser vistas, aunque para ello se necesita más conocimiento y poder imaginativo. Y mucho cuidado ante los muros que parecen invisibles.

  • E incluso existe la posibilidad de ser…

    … un muro filtrante de un solo humano!

    Que nos puede despistar por ser poca gente, pero puede estar formado por alguien incapaz de negociar el paso, forzando a tener que hacerlo por encima de su cadáver. Vamos el típico fanático de mierda.

    Y, como pasaba con los muros de piedra, el hecho de tener muchas piedras acumuladas no significa que atravesar el muro sea más difícil. A veces la eficiencia en obstaculizar el paso, como en todo, va a depender de la profesionalidad del que debe impedir tal paso. Hay gente muy muy profesional en su cometido. O muy fanática. ¡Muchísimo más que el granito!

    Y aquí es donde el «mirar a los ojos del muro», sobre todo si está formado por personas, puede mejorar o no la posible solución. Porque , como tanto repetimos, tú puedes llegar a ver algo dentro del otro. Pero si el otro no quiere ver en ti más que lo grabado en su mente por su amo, entonces ni el granito ni el acero pueden ser obstáculos peores. Como tratamos de decir continuamente, lo del muro es jugar a ser filtrado, pero siempre a nuestro gusto (no el de quién puso el muro).

    Porque esto del muro filtrante es algo que pasa mucho con ese tipo de profe, que empieza a «dar su clase», sin antes procurar algo de confianza con su alumnado. Por ejemplo preguntándoles «cómo están», y mirándole a los ojos, ya de paso.

    Se llama instaurar una cierta confianza, en vez de instaurar una especie de muro filtro invisible entre el profesor y su alumnado. Ese muro filtro que ayuda, volvemos a repetirnos, a que sea invisibilizado en el aula un alumnado diferente. Incluso para el resto del alumnado de esa clase, si el profe es muy persistente.

  • O que sean muy machotes…

    …y nos quieran hacer papilla.

    Muy típico en las clásicas pandas de barrio. Donde mostrar cierta mínima debilidad no solo te minimiza, a golpes, sino que puede llevarte a un suicidio casi casi programado. Un muro mucho más difícil que el anterior (meter un gol), aquí «aprender a jugar» supone un esfuerzo que puede ser mortal. Pero también tiene su mecanismo filtrante. Si te haces un machote como ellos, ya podrás jugar con ellos.

    Es un tipo de muro que, para tu desgracia de humano «sensible», tanto te lo pueden montar en tu propia pandilla como en la pandilla del enemigo. A veces no sabes en cuál de ellas serán más brutos contigo. Porque ya sabemos que los amigos traicioneros, de tu panda, son mucho peor que los peores enemigos que tengas enfrente.

    Ahora ya no se trata de que te empequeñezcan, haciéndote ver que eres un simple cacho de mierda. No, se trata más bien de golpearte muy fuerte, para que seas realmente una mierda, y entera , nada de «ser mierda a cachos». Te van a quitar las ganas hasta de mirarles a la cara.

    Y recordemos que sin mirar no se puede ver. Ni una mierda. Entonces ya te pueden dejar tirado, en cualquier rincón del ecosistema, para que busquen una plaza de recogedor de mierda o de oficinista cumplidor, en el complejo social que la SAD ha construido en tu ecosistema.

    Y se disfrazan de luchadores, bien llenitos de tatuajes, pero son simples sicarios indirectos del poder establecido.Aunque lo sean involuntariamente. Y, a ese tipo de bandas juveniles, todos las sufrimos en el barrio, especialmente si era «periférico». Estamos frente a frente, o dentro de una banda que te quiere controlar. Lo que, modernamente, va evolucionando hacia una mara operativa, que desea convertirte en sus vómitos diarios.Va en su adn social negativo. Y todo, por mucho afecto que te venda para conquistarte.

  • Porque un muro puede formarlo un grupo de machos que…

    … te quieren minimizar!!!

    A veces los muros filtro lo forman personas. Humanos , mejor o peor preparados que tú, pero que tienen claro como hacer. Es decir tienen el poder necesario, para frenar tu entrada en el recinto amurallado. O, por lo menos, hacer que te sientas «más pequeño» de lo que realmente eres. Saben, incluso, como anularte.

    Estes muros son los más simples, incluso que los «de libros para estudiar». Son los que se dedican a hacer que te sientas poca cosa (si te comparas con ellos) y, con eso, ya impiden que sigas queriendo dar pasos para franquear el muro. Solo te dejarán pasar si bajas la cabeza y dejas de intentar meter un gol en su portería. ¿Quién no ha tenido durante su infancia, sobre todo en un barrio periférico, algún tipo de muro parecido este? El típico vecino machito, que se quiere hacer más «grande», haciéndote a ti más «pequeñito».

    Esto pasa porque te han metido en tu mente un punto de vista muy negativo. Esas «ideas filtro», que te hace sentir una mierda, incapaz de atravesar una simple tela, porque piensas que es un muro de metal infranqueable.

    Y así funcionan los muros filtrantes, aunque sean virtuales.

    Pero recuerda, solo necesitas aprender a jugar mejor que ellos.

  • Y es que, esto del muro filtrante, es…

    … algo muy sumamente complejo!!!

    Tan variado y tan complejo (y tan esforzado su pase) que, muchas veces, se queda uno a este lado del muro, por el miedo a no ser capaz de atravesarlo. Como si el quedar a este lado te salvara de la muerte, del tiempo que te había tocado para vivir en el lado que debes dejar (una vez muerto).

    Dicho de otra forma se trata de hacer ver que, esto de atravesar muros (filtrarse), o saberse quedar a este lado de ellos «sin agobiarse», es un arte que está muy relacionado con el arte de ver. Y también del tiempo que se tarde en ver lo que se está mirando. La consabida paciencia en el contemplar lo que se está viendo.

    Ver para saber si conviene esperar a este lado del muro, por tiempos mejores. O intentar atravesarlo, buscando la manera en que resulte más fácil. O, por lo menos, con el menor daño posible. Es decir que nos «filtremos a nuestro gusto», no a gusto del poder establecido, ese que ha establecido el muro/filtro.

    Y qué decir del arte de fabricar muros propios, defensivos, pero que se puedan hacer traspasables, cuando necesitemos que alguien los pueda atravesar. Entonces es cuando el arte de coser y descoser las relaciones con otros seres humanos resulta indispensable. Entonces es cuando empezamos a saber manejar nuestros propios filtros, lo que nos permitirá avanzar por el entramado social de la SAD.

    Y, recordemos bien, hablamos de nuestros propios filtros… nada de filtros ajenos, comprados en cualquier bazar que la SAD tiene repartidos por el mundo. Especialmente, mucho cuidado, en los llamados centros de enseñanza, sean oficiales o no. Porque, para colmo, en eses lugares nos venden los filtros como si fueran lavadoras que funcionan. E incluso haciéndolos pasar por instrumentos de liberación social. Por ejemplo, los títulos universitarios.

  • Porque, si un muro filtro no deja pasar nada, entonces…

    … estamos ante un MURO poco eficiente!!!

    Porque su función de filtrado es fundamental. De ella va a depender que nos convirtamos en piezas esenciales del sistema social dominante, o en meras comparsas, en esa Gran Representación del Mundo, que nos ha tocado actuar. Como bien nos decía el gran Calderón. Y eso pasa, nos guste o no la música, nos guste o no Pink Floyd. Porque, en ese caso, ya tenemos delante un tipo de muro invisible, pero que resulta megaeficiente: una sordera musical de caballo. Más o menos igual, que si nos apasiona el reguetón.

    Porque sí, tenemos delante, o a los lados, si escuchamos/vemos a través de las orejas, un muro lleno de palabras musicales . Y, como no, de silencios, algo muy típico de todo muro que se precie como tal. Ese silencio tan poco material, pero que a veces dice más que las palabras. Sobre todo cuando te invade esa soledad, que te va comiendo poco a poco. Ese silencio no es como el de otro ser humano, que se queda en silencio cuando le preguntas, aunque siga mirando para ti. Es mucho más aterrador.

    Si estás solo y escuchas un disco, puedes penetrar en él o no. Pero está claro que, una canción o pieza musical, se puede hacer tan impenetrable como un muro de piedra o de cemento.

    Porque se necesitan algunas herramientas, para penetrar ciertos muros, que no tienen granito, pero están hechos con muchos vericuetos. Son como laberintos y su cometido es impedir, que sigamos madurando como seres humanos. Y en ese motivo, precisamente, debemos centrarnos en nuestro esforzado trabajo de maduración, durante ese proceso natural que llamamos «ser una cría humana».

    Y si no queremos esforzarnos, durante la infancia y preadolescencia, entonces tenemos y tendremos un problema muy grande. Demasiado grande (y muy importante). Que podemos resumir, en que vamos a dar un paseo por nuestra adolescencia con la mochila prácticamente vacía. Lo que podemos también representar por nuestra famosa frase, cuando dábamos clase, «pérdida de la adolescencia habemus». Que le decíamos a nuestro boquiabierto alumnado. ¡Y no por el latín precisamente!

  • Y, cómo no, «muros» cargados de un…

    … muy húmedo afecto.

    Al estilo del clásico oasis, para que le volvamos a culpar a nuestro «pobre» cerebro de que «nos quiere engañar». Como si alguna parte de tu cerebro no fuera capaz de saber que está en un desierto y, precisamente ahí, es donde se va a reforzar la posibilidad de tener un espejismo. De tal forma que, echándole la culpa a ese cerebro en abstracto, queda tu YO (uno de ellos, por lo menos) como el imbécil organizador neuronal que ha sido hasta entonces.

    Como siemper decimos, si tienes descoordinado tu cerebro, ¿por qué le tienes que echar las culpas a él? Cuando tu cerebro eres tú (tu Yo)y tú eres tu cerebro. Una parte de él por lo menos. Si hacéis algo mal lo hacéis los dos al mismo tiempo! Es cierto modo es algo cuántico.

    Así que menos delirios de grandeza, que tú no eres ni la Coca-Cola ni la GM. ¡Y mucho menos la Amazon!

    Tú vas a depender básicamente, de las relaciones afectivas que se vayan formando entre las diversas partes (Yos) de tu cerebro. Y por eso, como ya dijimos una vez, lo vas a llevar muy mal si resulta que tus afectos los tienes muy neutralizados, por el adn social injertado. Porque igual que hay filtros de colores , también te pueden manipular con filtros emocionales.

    El famoso filtro de Instagram no es nada, comparado con el filtro de todo un año escolar, en cualquier centro «de enseñanza».

  • Hasta pueden vestirse con colores llamativos y…

    … hacerse, así, más atractivos.

    Porque llevamos mucho tiempo diciendo que distingamos el mirar del ver. Y que no todo lo que parecen homéricas naves griegas, son algo diferente de las clásicas flores de la retama. La mágica «xesta» gallega. Porque puede parecer que el muro nos dejará ver un auténtico paraíso, cuando más allá de él solo habita un infierno.

    A veces el parecido nos despista. Si no ¿para qué iba a existir el Arte del Disimulo?

    Y si un ser humano que nos quiere fastidiar, se disfraza de muro, será porque nos quiere asustar en demasía, haciéndose pasar por algo más monstruoso de lo que realmente es. Un engaño.

    Ya hablamos otra vez de la importancia extrema del camuflaje, en los asuntos de interacción entre humanos.

    Y disfrazarse de muro, como decimos, resulta un método muy bueno para cazar incautos. De forma que resulten fáciles , mientras que interactúan con ellos, para injertar parte del adn social negativo. Sobre todo cuando paseas cerca de ellos, ensimismado en unos pensamientos de interacción social, que te dejan las defensas bajo mínimos. Y más si tienen los filtros de colores necesarios para engatusarnos.