
… del encuadre que le buscamos.
Cuando miramos algo, siempre es necesario encuadrar una parte interesante de lo mirado. La que más nos urge observar. Porque no se puede ver todo de un golpe. Se necesitan ir armando, con cuidado, los diversos retazos de realidad que estamos observando. Es como un puzzle, con el agravante de que no tenemos una foto delante,»para ir copiando». Se va montando el puzzle, mirando directamente la realidad.
El arte de ver, ya antes de que podamos interpretar lo visto, requiere un ejercicio muy sensible de saber coger, que parte de la realidad te puede servir mejor, para una observación eficiente. No se puede «ver» al tun tun.
En una rosa, por ejemplo, te puede valer un solo pétalo, pero , normalmente, si no los ves todos, de poco te sirve uno solo. Y eso vale para quien se acerca a ella basándose en su tacto y olor. Los tendrás que tocar todos.
Es la capacidad de reunir las piezas lo que te permite concluir el puzzle. De nada vale que seas un especialista en coches, si solo tienes la mitad trasera del Ferrari. Viene a ser el famoso cuento de los ciegos y el elefante. ¡La visión completa es un conglomerado de visiones parciales!
Es lo que necesitas, ese conjunto de visiones diferentes, a fin de cuentas, para hacerte un buen filtro, que te permita ver la realidad con un buen porcentaje de eficiencia. Y eso lo montas, sobre todo, en tu adolescencia. ¡Y, para eso, te ayudas con los filtros amigos!








