
.. cuando queremos ver algo…
… nace precisamente nuestro punto de vista. Porque eso hará que nos enfrentemos a los filtros de una forma u otra. Tanto al filtro ajeno que tengamos delante, como al filtro propio que necesitemos usar, para neutralizar sus probables efectos. Porque la atención y la intención suenan muy parecidos, pero son muy diferentes. La intención que pongamos en la mirada nos llevará a profundizar más (poner más atención) en la observación de la habitación que estamos mirando, por ejemplo. En querer usar los filtros necesarios.
Y a ver si empezamos a usar el concepto filtro con propiedad (científica). Que navegando por internet, se nota mucha confusión. Mucha. Y se suele asociar el problema de la filtración, solo a la que nos quiere hacer la SAD. Sin querer darse cuenta, que, para vencerla, se necesita un sistema de filtrado propio de mucha enjundia.
Un buen sistema de filtros propios es el esfuerzo de muchas horas de trabajo, fabricando filtros durante la adolescencia. En esa tarea, tan abandonada y tan vital, es donde reside lo que nosotros aquí llamamos pérdida de la adolescencia. Es decir, perder la capacidad para entrar en la adultez con las herramientas precisas para defenderse. Y puede ser una pérdida total (rara) o una pérdida parcial (muy habitual).
Porque el maltrato infantil, por ejemplo, no se puede filtrar, como mucho poner tiritas para no acabar suicidándose y, así, poder superarlo más adelante. Pero, par todo lo demás, un buen sistema de filtros propios nos hace prácticamente inconquistables, por el sistema adulto a regenerar, por lo menos mentalmente.
Y sí, el ánimo y la intención (para ver) necesitan mucho trabajo previo. En la infancia y la adolescencia. No se adquieren por arte de magia (ni de dinero).








