Categoría: arte

  • Además, los muros filtro, pueden estar…

    … muy bien disimulados.

    Y así nos hacen pensar que, eses muros filtro, son más fácilmente traspasables. O, al contrario, más difíciles de lo que realmente son. Eso hace que sea mayor el trabajo de observación del muro al que nos enfrentamos.

    Nunca debemos olvidar, que el muro puede ser incluso un disfraz. Que parezca fácil o difícil, como con los humanos, no deja de ser relativo : el muro más fácil puede ser el más difícil. Simplemente porque es el adecuado a nuestra forma de actuar: ya nos conoce las mañas y nos tiene bien preparadas «sus respuestas».

    Para ver detrás del muro se necesita mucha práctica. Porque no es lo mismo atravesar un muro de piedra que un muro vegetal. Pero…

    Es más difícil saber lo que hay detrás de unos muros, que lo que hay detrás de otros. Pero el problema esencial sigue siendo, no fijarse tanto en lo que hay detrás, que nos puede despistar, como en la composición del propio muro.

    A veces llega con separar las hojas del árbol, que tapan las vistas, para poder vislumbrar con cierta comprensión lo que hay detrás. Saber trabajar con un muro filtro tiene mucho de arte.

  • Y así, paso a paso, horror tras horror, vamos llegando en este blog…

    … al muro que sirve de puto FILTRO.

    De tanto desasosiego, de ser tan miserables, de tanto mirar sin querer ver… de tanto horror que no queremos sufrir, nos vamos haciendo adictos a tener delante, algo a lo que podemos llamar un MURO. La SAD nos pone delante de los ojos, realmente en nuestro cerebro, una especie de muro, de pared, que va a impedir que entre el horror que sí hay en la realidad exterior. O si acaso, solo deja pasar algo (filtra) de ese horror, para que nos asuste un poco, no demasiado… pero que, sobre todo, nos hace ver otra falsa realidad que sirva de contrapunto, para mantenernos sosegados. Algo así como hace Instagram. Es un buen momento ,en este blog, para tocar este gran problema del muro, que bien tenemos frente a nosotros, o puede que esté dentro de nosotros. Es lo que podemos llamar un muro filtrante.

    Porque , al profundizar en el mecanismo de la visión, nos van apareciendo muchos problemas que tienen que ver con el adn social negativo que nos injertaron, incluso más que con nuestro propio ADN. Y eso nos lleva a tener que reflexionar un buen cacho, sobre los filtros de la realidad, que la pueden opacar de todo : esos muros, que no nos dejan ver lo que miramos.

    Y pensemos que si no vemos la diferencia entre el granito y el cemento que lo une (muro de la imagen), no estamos viendo nada de nada. Solo estamos mirando. Y confundiendo el hecho de MIRAR con el hecho de VER.

    Y así (mala visión), nos asustaremos de lo imposible que parece traspasar ese tremendo muro, que nos impide seguir caminado. Pero eso es, fundamentalmente, porque no vemos lo que debemos ver, porque igual que se ven las fortalezas de un muro, también es posible ver sus debilidades. El problema es cuando no vemos por nosotros, sino que vemos por el sistema óptico que nos injertaron. El famoso filtro externo (ajeno a nosotros) que tampoco vemos normalmente. Y por eso, solo veremos parcialmente la realidad que tenemos delante. Lo esencial va a ser «escuchar» al muro, por lo menos. Como hacen los perros, puede que nos sea más fácil descifrar su olor o su sonido.

    Y pensemos en que hay muros invisibles… muros que están ahí, pero no podemos ver, así como otros que no queremos ver. No todos son de puro granito o duro metal. Y esos son los peores!

  • Por eso mismo nos sentimos perdidos…

    … cuando vemos tantos horrores.

    Como el coronel Kurtz, en la guerra del Vietnam, versionada por el Coppola.

    O como cualquier periodista, que aún sobreviva, mirando y viendo lo que sucede en Gaza, en este fatídico año de 2024. ¡Y que seguirá en el 2025!

    Porque ya no hay que ver Apocalipse Now, para comprobar la brutal capacidad del ser humano, en su mediocre versión, para practicar la masacre de otros seres humanos. Incluso llegando al genocidio.

    Porque tanto en Vietnam como en Gaza se repite la intromisión de un poder establecido, totalmente ajeno en la vida de un pueblo : vietnamita, en un caso, gazatí, en el otro. En el primero fue USA el invasor, y en el segundo sigue siendo Israel.

    Horror tras horror, como si su visión continuada pudiera hacerlo menos y menos sangriento, en vez de más y más terrorífico. Ya lo dijo Annah Arendt, banalizar el mal (por repetición del mismo o sacándole parte de la sangre que nos mancha), no lo hace más digerible.

  • Pero, ¿qué te hace ver…

    … cosas que «en principio no se ven»?

    Cosas que no existen, o bien que parecen no existir. Cosas que es muy difícil ver, si no te esfuerzas lo suficiente. Porque entonces, con este asunto tratado ayer de las creencias no comprobadas, que es lo antagónico del conocimiento, estamos ya de nuevo en la senda del VER.

    Porque igual que tenemos la necesidad de ser libres, también tenemos la necesidad de usar nuestra imaginación. No podemos vivir sin libertad y no podemos evolucionar sin imaginación. Porque no todo lo que podemos ver está de hecho en la realidad que nos presentan. O, como en este caso (imagen), en la representación cinematográfica de esa realidad. A veces supone un esfuerzo considerable ver lo que parece oculto a nuestros ojos ¿Cómo diferenciar entonces entre lo que vemos y lo que creemos ver?

    Escogimos una imagen icónica, del universo fílmico de un tal Houston (Centauros del desierto). En ella John Wayne parece que se está presentando, o, lo contrario, parece que se está despidiendo, de lo «poco» que aún le queda de familia.

    ¿Cuántas cosas podemos ver en esta «simple» imagen del Houston, con un JW que se va o se viene.?

    ¿Somos como la tribu que se cree todo lo que le cuentan, sean sus sacerdotes o los misioneros venidos de fuera, o queremos ser algo científicos… y amantes del cine, para buscar ese tipo de señales escondidas, que dejó el mago Houston dentro de esta mítica imagen? ¿y si, en el fondo, solo era el fantasma de JW, que venía a conversar con nosotros? Pero se tiene que ir, porque no estamos ya preparados para interactuar con fantasmas.

  • Porque, casi todo lo que nos hacen ver es pura simulación…

    … en un universo virtual.

    Como ese mundo en el que nos hacen creer, tanto los sacerdotes como los políticos. Y sus delegados, temporales o permanentes, en el proceso de domesticación humana, que lleva la SAD (sociedad adulta dominante), con las crías humanas de la próxima generación. Incluyendo, claro está, el departamento social llamado FAMILIA.

    Y ni siquiera necesitamos un chip, que nos traslade a otros mundos «paralelos». Aunque irán llegando esas modalidades de control social. Si bien serán mucho menos aparatosas que las entidades tipo Matrix.

    Porque nuestro propio cerebro es capaz de hacernos vivir, como ya dijimos, en sueños. Como el Segismundo del Calderón, que no sabía en que mundo vivía. O, mucho peor, llegar a tener varias vidas estando despierto. Porque cada YO que habita nuestra mente, puede tener su habitación propia en alguna parte del cerebro, para manifestarse a alguna hora del día, que él buenamente decida.

    Y siendo así el androide perfecto, para manifestar varios tipos de vida : desde el simple humano bipolar hasta el complejo humano múltiple.

    Y no necesitamos ser un clon, ni una versión robótica de nosotros mismos, porque en el día a día, en este mismsos siglo ya andamos por la calle como verdaderos autómatas. Puede decirse, que se desprecian las emociones, en función de darle más importancia a una inteligencia racional, que tiene muchas veces tan poco de inteligencia como de racional. Porque los humanos huimos, como de la peste, de la verdadera Ilustración, aquella que nos hace realmente libres e ilustrados. Porque la libertad sin conocimiento no es libertad real. Y la libertad formal solo vale para quedarnos en un reino aristocrático de disfraces, de egoísmo, bien adictos al poder (unas migajas) y a sentir como las cabezas de los oprimidos crujen bajo nuestras bélicas botas. Bien seamos generales o simples soldados.

  • Llegando a «ver» muertos, como…

    … si estuvieran vivos.

    ¿De qué nos vale ver las almas de los indios enterrados bajo tu casa, como Caroline (Poltergeist), o al amigo que te caía tan bien, pero que pasó a «mejor vida», como el niño de El sexto sentido?

    ¿De qué vale ser tan videntes, para luego no ser capaces de interactuar amistosamente con las demás crías humanas, que viven en tu aldea o urbanización? O para andar escapando por el patio del colegio, debido a que estás traumatizado, al no poder diferenciar entre realidad y ficción. O al amigo imaginario del «amigo» acosador.

    Como pasa en tu vida cotidiana, ¿de qué te vale preocuparte por los OVNIS, si no eres capaz de interactuar con los VRAs (vecinos reales aislados)?

    Mirar el Más Allá, cuando no ves el Más Acá, resulta una tarea ingente y totalmente improductiva, para desarrollar una maduración humana real. Y una maduración terrestre, no una maduración ficticia en una especie de Universo Paralelo.

    Está bien que te gusten las stranger things, pero creerte una Eleven solo te llevará a perder la capacidad de conectar con el Universo Real, ese que tienes justo delante de ti. Ese donde tienes que jugar tu partido vital. ¿De qué valen filtros, que permiten sentir fenómenos paranormales, pero no te permiten sentir a los humanos vivos que te rodean? Es un poco el cuento del LSD, usar una droga artificial para «conocer otras realidades paralelas».

  • Y así puedes llegar a ver…

    … a la Santa Compaña emigrando para Cuba.

    Tal como le pasaba al Fendetestas y al Fiz de Cotobelo, en el libro y vídeo ayer indicados. Porque hay momentos en la vida que puedes alucinar, viendo lo que no existe, tan claramente como puedes ver lo que sí existe.

    Aunque seria mejor decir, que ves lo que te parece ver, como si estuvieras soñando. Si la gente confunde mirar con ver, como no va a confundir ver con alucinar. Si la imagen grabada en el cerebro puede ser tan intensa, que puede hacer que un alucine pase por ser algo totalmente real.

    Poco nos pasa a los humanos, cuando somos adictos a todo tipo de droga química artificial, o droga mental producida por el cerebro, que también las hay, capaces de hacernos vivir en un mundo irreal, prácticamente las 24 horas del día.

    Y si somos aficionados a la religión o a la política, entonces ya tenemos muchos boletos, para que nos toque la lotería de la alucinación diaria. Estar subiendo escaleras al cielo (falso) las 24 horas del día, sin llegar a ser la décima parte de un místico poeta como San Juan de la Cruz.

    ¿Y qué vienen a ser los políticos, más que una procesión de almas en pena que se quieren «forrar», practicando el viejo esclavismo español en Cuba? LLevándose ya de paso, a otras almas gallegas, para allí mismo esclavizarlas de por vida.

  • Y tanto se te escapa, la realidad, que puedes llegar a ver…

    …aquello que no existe.

    Porque si dejas que algo o alguien, sea lo que eso sea, te vaya comiendo el coco, haciendo que veas/grabes cosas que no viste realmente, entonces tienes un problema (grande!) con el entramado neuronal, que se forma en tu cerebro. Vas a tener una sucesión de circuitos/archivos, donde se refugian eses elementos irreales, que te van a provocar alucinaciones de vez en cuando. Incluso haciendo que acabes por vivir en un mundo imaginario.En principio por la noche, luego durante el día (despierto). Y todo sin ver un puñetero filtro material puesto delante de tus ojos.

    Y el problema es que no vivirás un mundo imaginario infantil, como pasaba con el amigo imaginario, que tanta compañía te hacía. Aquel podías controlarlo. Ahora tendrás un imaginario adulto, viendo elementos que no existen, sean árboles que hablan o fantasmas que andan buscando almas que le hagan compañía. Como sucede con la Santa Compaña, que, dicen, camina por los bosques gallegos en busca de cristianos, que le ayuden a soportar su «mala» muerte.

    El bosque animado del «bueno» del Wenceslao Fernández Flórez, es un ejemplo de ese mundo no real al que nos podemos ver abocados, cuando rematamos por ver cosas que solo existen en nuestra mente.

    Entonces es cuando el mirar y el ver se han fusionado de tal forma que, como pasa con la personalidad múltiple, ya no podemos saber quien somos : si el que mira o el que ve, si el que piensa o el pensado. Un bonito dilema, ese de si eres tú o eres otro, del que hablaremos más adelante.

  • Porque, a veces, la realidad se te escapa…

    … aunque la quieras tocar.

    Por mucho que la quieras agarrar (la realidad) te resulta imposible. Y cuanto más ganas le echas, más lejos parece que se va. Al final de poco vale que estés muy cerca de ella si la tienen opacada (oculta) para ti. Ahí juega su papel el FILTRO : seleccionando una parte de la realidad que miras. Y cuando ese filtro se vuelve totalmente opaco, entonces tendremos un MURO (que no deja VER). Esa es la diferencia entre un filtro que deje pasar algo, que deje pasar muy poco o, incluso, que sea opaco del todo. Como dijimos ayer (y anteayer), ¡alguien te la quiere colar!

    Y por eso era tan importante diferenciar bien entre mirar y ver. Porque mucha gente confunde el mirar la realidad, con ver esa realidad (realmente). Cuando, lo que está mirando no coincide con lo que ve, porque se deja grabar con más intensidad, el discurso icónico que alguien hace para suplantarla. Mediante un oportuno filtro social (no propio).

    Eso pasa mucho en política, donde la gente suele comprar el relato (la «laavdora») que le hace un político sobre determinado contexto, en vez de hacerse con una visión más real y propia de ese mismo contexto.

    Repetimos, mirar y ver no es lo mismo. Poner los ojos sobre una realidad determinada y grabar esa realidad en el cerebro son cosas totalmente independientes, aunque suela ir una detrás de la otra. Pero cuidado si alguien te cambia la cinta grabada en el paso de mirar a ver. O simplemente te regala un filtro que no deja pasar toda la realidad.

    Viene a ser el problema del bebé al que quieren convencer de que su madre es la nueva, una que pasó a suplantar a la verdadera. Por ejemplo, imaginemos que los cazadores de la madre del Bambi, le quieren convencer de que debe amar a una mamá suplente.

  • De hecho, un buen filtro, puede ser…

    … un puto disfraz!!!

    Porque sí, seamos sinceros. Nada puede hacer que la realidad sea de otra forma, salvo que uses tus capacidades genéticas (y las de muchos) para modificarla. De nada valdrá taparla, parcial o totalmente. Ni tampoco disimularla con filtros que la hagan parecer otra cosa.

    ¡No seamos tan mediocres versiones de homo sapiens! Creyéndonos esas mentiras adultas.

    Cuando un camaleón se camufla para poder defenderse o cazar, lo hace por una necesidad natural. Paara poder sobrevivir en el ecosistema donde le «tocó» vivir.

    Es ser humano es el único animal capaz de disfrazarse para engañarse a si mismo, haciendo ver que la realidad (del ecosistema) no es la que realmente es. Además es capaz de engañar brutalmente a los otros seres humanos, si con ello saca algún beneficio para sí.

    Y da igual que diga amarlo u odiarlo (al otro). Los filtros serán usados según le convenga, para ascender en la escala social del poder. Para ligar, engañar o para matar. Sea un hijo o un padre, un hermano o la amante de turno. Porque los peores filtros son los que se usan para camuflar el mundo tal como es y vendérselo a los hijos como otra cosa diferente. ¡Esas son las peores mentiras de los adultos! Pero cuidado, porque esas mentiras también necesitan ser filtradas por nuestra mente.