
Entramos en una fase de este proceso de reflexiones, sobre la adolescencia, muy problemática… de difícil digestión.
Porque el preadolescente no querrá leer lo que decimos, ya que le pide un esfuerzo, no solo de lectura sino de conducta (mucho más trabajoso lógicamente). ¿A quién le gusta escuchar, que la selva es peligrosa, cuando creció en su infancia con las aventuras de un Tarzán en la selva de no se sabe dónde? O sea, que no solo es una montaña rusa , es que también es una selva, y mucho más… esa es la adolescencia que le espera.
Y al adulto le jode leer este tipo de cosas, porque lo pone ante una realidad sofocante : porque ya pasó la adolescencia, así que lo que perdiera en el camino o dejara de hacer, ya no tiene remedio. Porque tratar de arreglar eso con apaños en la adultez solo son eso, apaños. Que bien poco arreglan, y son puro engaño, como el botox corporal y la silicona mental.
Pero al adulto sí le debían interesar estas reflexiones. Porque si tiene descendencia, propia o allegada… incluso por su profesión… va a necesitar saber algo de esto, para poder aconsejar a los adolescentes que anden a su alrededor.
Así que esto que decimos, interesa tanto al adolescente que lo va a sufrir, como al adulto que puede ayudar a paliar ese sufrimiento. Incluso teniendo en cuenta su propia experiencia adolescente. Sea, por ejemplo, en el caso de haber salido alguna vez por la tangente, puede ayudarle al adolescente, para que asimile bien este concepto. Que no es tanto matemático como físico. Y sobre todo psíquico (mental). Porque los desperfectos más fatales serán los mentales.
¡Anímate!