
En la infancia notamos la falta de alimentos. Y por eso nos quejamos y pedimos comida… llorando, gritando o incluso con una buena pelea, cuando la comida escasea.
Pero llega un momento en el que notamos, sentimos, que no nos llega con comer alimentos materiales… hay un momento en nuestra vida que se echa en falta, no solo la falta de afecto, sino el uso racional y emocional de la inteligencia.
Porque aún no sabemos qué puede ser eso de la inteligencia, pero sí que sufrimos las consecuencias de su mal uso.
Incluso, cuando no aprendimos a llamar la atención de nuestra madre, para recibir alimento material y emocional (el placer de la compañía adulta).
Y si no llega con tener comida, que ya es muy importante, ¿qué más nos puede faltar?
¡Anímate!