
Y hablamos de libertad y opresión, de creer que es natural la desigualdad social… pero también de los actores sociales que mantienen esa desigualdad artificial, aunque sea de forma pasiva. Y ya dijimos, que esa es otra versión del gen social negativo, ese que impide el cambio social, que, ya repetimos bien de veces, es algo consustancial con el ADN de un adolescente : intervenir para regenerar la estructura social existente, siempre que le quite la libertad al ser humano. ¿Vamos asumiendo la tremenda importancia del gen biológico, que soporta esta capacidad humana?
Sobre todo su libertad para alimentarse, como versión madura de homo sapiens… Como podemos ver, nada diferente a las leyes de la robótica, que impiden hacerle daño al ser humano… solo que nosotros nos las pasamos por el forro.
Y cuando solo miramos para la pantalla, si la peli nos gusta, entonces no estamos preparados para actuar como una versión madura de ese homo sapiens, que decimos ser. Somos simples cucarachas, con complejo de humano feliz con sus palomitas de maíz. O a saber de qué!!!
Así que en dos entradas ya hemos hablado de tres versiones del mismo gen social negativo, que neutraliza los genes biológicos de empatía y solidaridad, para car nuestra oscuras versiones de : asumir que debemos mendigar para comer, que debemos ayudar directa o indirectamente a que existan esos mendigos, o, lo más disimulado, que miremos para otro lado, cada vez que vemos un mendigo pidiendo alimento… y, lo peor, sentirnos un humano semipoderoso, disfrutando de que exista ese mendigo… que nos hace a nosotros sentirnos mejor.
Este tercer tipo de versión genética social es la más numerosa y el pilar que permite a una minoría de humanos poderosos controlar totalmente la sociedad adulta dominante (SAD), con su enorme masa de humanos oprimidos. Esos humanaos a los que se suele considerar como masas inactivas o masa humana durmiente.
¡Anímate!