
Y llega a formar parte de tu cuerpo, como lo forman tus huesos y tus músculos. Que son, precisamente, los que necesitan esos nutrientes que no llegan.
Y, por mucho que juegues, llegarás a la conclusión, aunque sea de forma intuitiva (instintiva), de que solo vale ganar, para poder superar a los demás hambrientos de la tribu, del barrio, del colegio… a los que empezarás a considerar como enemigos, nunca podrás solidarizarte con un compañero, por mucho que lo necesite, ya que tú crees (gen social negativo) que su triunfo va a ser contra ti. Porque ya no es un juego, realmente para ti (te lo han hecho creer), es la lucha por la supervivencia.
Así que necesitas ganar tú esa partida.
Y es la peor tergiversación que se puede hacer de la teoría de la evolución (Darwin), ya que la supervivencia del más apto, no implica matar al contrincante, ni menos aún, matar a mansalva a tus enemigos, sino dejar que, de forma natural y libre, se vayan propagando los que se adaptan mejor a los cambios naturales (o artificiales) del ecosistema… La selección natural es más bien una decantación, nunca un exterminio.
Adaptarse a un ecosistema no es solo vencer al hambre, también es valorar aquellas cosas que nos hacen más humanos, para que de forma natural y libre se vaya produciendo una selección, SIN FORZAR el proceso de adaptación. Los animales irracionales tienen que luchar (único método de selección irracional), pero nunca a muerte, los humanos tenemos otros medios para ser seleccionados, sin perjudicar a los que son menos adaptables. Porque ahí radica la esencia de la inteligencia humana, no en ser campeones de ajedrez ni premios Nobel.
¡Anímate!