
Cuando dejas la cuna, pasas a la fase de ser cogido en los brazos. Lo que iba a ser en principio el «colo de mamá», pasa a ser el colo de mucha gente, mucha : hermanas, abuelas, tías, primas… todos querrán achucharte , para darte mimos. En principio, solo mimos…
Porque aún no te darán consejos, salvo la típica prima iconoclasta (que ya te quiere avisar, recién nacida, que las cosas vienen «buenas»). Pero sí, te pueden empezar a piropear : qué guapa (sobre todo), te casarás con un príncipe (a ser posible guapo y rico)… e incluso, irá apareciendo algún consejo de andar por casa : que «no pongas mala cara, que la gente te cogerá manía»…
Puedo estar exagerando, pero no te irá mucho mejor en casa rica que en casa pobre, con esta parte «domadora» de que empiecen a «contarte cuentos»… de hecho en una chabola no suele haber muchos momentos dónde la familia pueda preocuparse mucho por ti.
Aunque la preocupación por hacerte un hombrecito o una princesita es vital (socialmente), sobre todo prepararte para el casorio, si eres hembra. Y todo mucho peor, si eres un infante gitano, que debe aprender a sobrevivir. Salvo si eres hembra, porque, en ciertos ecosistemas sociales, el ser mujer ya te impide hasta aprender a sobrevivir. Eres una simple maceta.
Y sí, la belleza está sobrevalorada, porque, por mucho que le procupara a Sócrates, no existe un referente de lo bello que pueda ser un absoluto. La belleza (y más con B) es un constructo social, hecho a base de ir eliminando características que se considera afean el aspecto real de un ser vivo… algo muy subjetivo. Y fuente de un nuevo gen social negativo (por su uso cotidiano, para infravalorar a la gente). Hacerle creer al macho, que debe ser como un Apolo clásico, para que se pueda considerar bello.
¡Anímate!