
¿Hasta qué punto nos dejan ser lo que queremos? ¿Hasta qué punto somos lo que otros quieren que seamos? Lo llevamos diciendo desde hace días… Y también llevamos tiempo dando la paliza con el mirar distinto de ver, de observar la realidad con atención… y, últimamente, que la inteligencia, incluso en animales irracionales, es la capacidad de elegir entre dos alternativas (o más). Aunque, en el caso de los irracionales es más una capacidad instintiva que muestra de verdadera inteligencia, como sí lo es en los humanos.
Y elegir puede ser fácil o difícil. Muy fácil si queremos salir de casa vestidos con traje o de informal. Pero mucho peor si se trata de escoger una carrera para estudiar… o, simplemente, decidir si dejamos lo estudios, que nos están agobiando, o no. Y ya no digamos, si nos queremos apuntar voluntariamente en las FF.AA., mucho peor en tiempo de guerra
Pero en toda ocasión, que haya una elección por el medio, por ejemplo las elecciones políticas, es la inteligencia lo que nos permite saber que tipo de opción escoger. Salvo los que consultan algún tipo de bola de cristal (o a la mafia que las tiene controladas). Por ese motivo decía el digno Sócrates, que la democracia era imperfecta, mientras los electores no tuvieran un nivel cultural apropiado, para saber elegir. Luego, el mismo, metió la pata, «haciéndose» matar porque una panda de trescientos jurados decidieron que era culpable. Cómo si supieran lo que estaban juzgando!!!
Porque, en ese proceso de elegir, está precisamente el meollo de esta cuestión de “quién somos”. ¿Acaso los que juzgaron a Sócrates, sabían de verdad quien era él? Acaso era el corruptor de niños, que decían los acusadores… ¿o era un simple pensador, que trataba de hacer(se) preguntas, para saber cosas sobre la realidad que le rodeaba?
Dejamos un enlace dónde se reflexiona sobre el doble comportamiento (real y ficticio) que muestra la serie de la imagen. Allí están todos los personajes que participan en la liada comportamental.
¡Anímate!