
Sócrates no tenía por qué pensar en la libertad, pero la naturaleza (sea lo que eso sea) sí que, desde luego, «pensó» en ella. Evidentemente, no sabemos como está marcada esa necesidad imperiosa de ser libres , que tenemos todos los seres humanos (en nuestro ADN). Empezando por los masai, que mueren en prisión, y parecen tener la necesidad, pero no la capacidad de readaptarse. Y llegando al más «fuerte» de los humanos, que es capaz de adaptarse a la prisión, incluso a la tortura sistemática, porque siente que aún le queda un resquicio de vida, pero sigue siendo el mismo misterio (aún agudizado)
Lógicamente cuando se cierra ese resquicio, es porque el cuerpo y la mente han quedado ya inutilizados, para mantener unas funciones vitales mínimas. En ese momento, somos como un zombi, que ya ni puede desear morir, porque se le ha agotado la capacidad de tener deseos.
Pero debe haber un gen que se encarga de hacernos sentir esa necesidad. Lo mismo que un gen complementario, para darle un toque emocional, que le permita germinar en nuestra menta con una intensidad suprema. Que nos refuerce esa necesidad tan imperiosa de seguir vivos. Algo que no existe, evidentemente, en los animales irracionales, donde su instinto solo les permite tener una leve necesidad de libertad. Hasta pueden ser domados, e incluso domesticados (por generaciones).
Y a quien no le germina ese gen, como pasa en los esclavos, es porque su adn social negativo ya le tiene apantallados todos esos genes , que podemos llamar liberadores mentales.
Está claro, como le pasa a los tímidos, que no solo debemos ser capaces de leer ese gen. Necesitamos tenerlo bien activado. Como al tímido no le llega con que le guste mucho otro ser humano, para ser capaz de acercarse y decirle algo. La genética es algo más que poseer genes, es poseer también los medios para hacerlos eficientes. Es decir el ADN (o el adn), debe tener algún tipo de acompañantes que activan los genes directores.
¡Anímate!