
Siempre hablamos del carácter regenerador de la cría humana, sobre todo en su adolescencia, pero lo cierto es que el adulto suele derivar hacia el acatamiento total al Poder Establecido. Como, por ejemplo, hizo el Milei argentino, ante el presidente chino popular… y debía ser porque le parecía el colmo de su populismo barato. Hacerle una buena mamada al Poder Amarillo del siglo XXI.
Y menos se debe arrodillar uno cuando es adolescente, ni siquiera un imberbe preadolescente. Y lo puede hacer, o al menos intentarlo, porque lleva en su ADN la disidencia como opción por defecto.
O sea que, si ese aprendizaje para dejarse oprimir, no puede entrar en la mochila de la adolescencia biológicamente, viene a ser una de las primeras y más graves mutilaciones sociales, para llevarse a la etapa de adulto.
Porque introducir el gen social que nos permite tener la capacidad de arrodillarnos ante el Poder, es como anular el gen biológico, que nos permite ser empáticos y solidarios, el que nos hace luchadores naturales por la justicia. Para hacernos así, unos míseros sicarios del Poder, sumos amantes de esparcir la injusticia por doquier. Y eso es, precisamente, lo que llamamos neutralizar tu carácter genético de renovador social.
Y por eso hablamos de mutilaciones… sobre todo en el área emocional de nuestra inteligencia. Aprendemos a soportar el dolor de la injusticia, como si fuera un simple dolor de muelas… que, además , va remitiendo con el tiempo. Y lo mismo pasa con la sexualidad inmadura, aprendemos rápido a ser animales mutilados en la vivencia futura de su sexualidad.
¡Anímate!