
Claro que ya podemos ser un animal más evolucionado… el típico mono, por ejemplo. Pero que ya fue infectado por la funesta manía de pensar.
Estamos aún en la cueva, donde una madre nos alimenta, incluso aunque no sea la propia… y nos enseña a ser precavidos, para cuando necesitemos salir de ella(s). Eso es precisamente empezar a pensar : en nuestro futuro próximo.
Y eso conlleva enseñarnos a actuar en dos campos muy diferenciados, pero igual de imprescindibles para sobrevivir fuera de la cueva: el uso de un aparato locomotor, que nos permita relacionarnos con el territorio (ecosistema), y de un aparato nervioso, que nos permita analizar los peligros y encontrar el alimento.
Sin olvidar que ambos aparatos, con su correspondiente función vital, una vez despierte nuestra sexualidad, deben encaminarse a completar el proceso vital con la reproducción. Sin ella no existimos, porque dejará de haber seres humanos capaces de pensar en sí mismos y en los demás.
Los humanos pueden optar a reproducirse en función de intereses racionales o emocionales. Pero los demás animales no tienen esa opción, deben reproducirse para evitar la extinción de la especie. Un principio, el de no extinción, que también afecta al ser humano, por mucha libertad que tenga. Y por mucho que digan las diferentes biblias religiosas, aunque presuman de verdaderas. Incluso algo razonadas como la Queer.
¡Anímate!