
Permanente, constante y generalizado… y que está enlazado, para más inri, con el maltrato del adulto sobre la cría humana.
Una vez pasada la adolescencia, los machos pueden ya gozar de un cierto grado de libertad especial… las hembras no.
Porque el sentido de propiedad del macho no es solo una idea que se le inculcó a determinados machos por educación/domesticación, no… es un gen social negativo que se va transmitiendo, como una herencia, de macho en macho y, lo que peor de macho a hembra. Además no tiene una transmisión hereditaria biológica (de padres a hijos), sino que ese injerto social de un gen negativo se hace de forma independiente de las relaciones biológicas.
Su transmisión es por mecanismos sociales (familia, amigos, escuela, iglesia, club social…). Y por muy negativos que vayan a ser sus efectos, suelen ser insertados bien rodeados de afecto y respeto intelectual por los injertadores. La confianza es un don humano que se pierde con mucha dificultad.
¿Por qué, si no, las personas maltratadas suelen mantener una fijación afectiva (Síndrome de Estocolmo) con sus maltratadores?… «Es que en el fondo me quiere», dicen desconsoladas. Seguras en su interior, para colmo, de que son ellas las culpables, de que la relación de pareja no funcione.
¡Anímate!