
A veces no se puede ser pacifista. Por ejemplo, si desciendes de los nativos usamericanos. Esa cualidad genética no te deja aprender, o por lo menos te lo pone muy difícil, a respetar al blanoco usamericano que causó la casi extinción de los pueblos nativos. Y por mucho que los nietos no sean responsables de lo que hicieron sus abuelos. Pero bien que disfrutan de todo lo que les robaron, incluidas las vidas, a los pueblos indios de lo que iba a ser los EE.UU de América.
Porque el pacifismo quiere justicia, pero, para impartir justicia, se necesita tener poder… Y entonces el problema es saber qué tipo de justicia quieres impartir, la de los opresores o la de los oprimidos. El problema es bien sencillo, y viene así planteado desde la noche de los tiempos.
Lo que sucede es que los poderosos siempre lo han resuelto poniendo en la ecuación las variables de minoría opresora y de justicia PARA ELLOS, añadiendo un poder fuerte y dominante. Usando su ejército y su iglesia, para hacer la explotación humana mucho más efectiva.
Y así el resultado de tal ecuación siempre será que, esa «justicia» del poder establecido, solo vale para aumentar la explotación, en vez de rebajarla. Sean nativos usamericanos, sean negros traídos de África… o sean habitantes del país, incapaces de entrar en la maquinaria social del poder establecido.
Y ese es el motivo de que se necesite un contrapoder, de la minoría de oprimidos, para poder restablecer el equilibrio social y rematar con la explotación de la minoría opresora. Así de simple.
¡Anímate!