
Otras veces la curiosidad nos lleva a observar situaciones donde nos creemos el rey del mambo. Somos meros pipiolos, madurando de infantes adolescentes, pero ya nos creemos capaces de manejar fusiles y metralletas, como si fuera la hamburguesa de turno.
Entonces, no sabemos adaptarnos al contexto que estamos viviendo y hacemos lo que hace el elefante al entra en la cacharrería : rompemos hasta las telarañas más finas, esas que a alguien le llevó años tejer.
Como le pasa a nuestro amigo Rai (Barrio), que entra en la habitación de Susana, que está bailando libremente, y ya se considera el macho dispuesto a ejercer su dominio sobre la hembra. Eso que le marca su gen social negativo, que tan bién fue adquiriendo en su devenir por el barrio. Sobre todo, como jefecillo de un trío de adolescentes, como no, más perdidos que encontrados.
Y como Rai muchos. Porque el adn social negativo que se va formando en una pandilla de barrio, es tremendamente potente. Se te adhiere a la mente de tal forma, que te deja hundido en cualquier rincón de ella, todo aquello que pueda estar relacionado con tu ADN.
No puedes sentir empatía con Susana y menos solidarizarte con su situación de sumisión forzada (socialmente), cuando solo dejas «pensar» a tu instinto depredador de egoísta macho empoderado (por tus «iguales»).
¡Anímate!