
Y el que fuma ya se considera un hombre, en su malsana concepción de ser un machote «hecho y derecho»… Y el que mata, no digamos… porque, además, fumar se puede dejar, pero lo de matar ya es totalmente imborrable. De ser un soldado armado, pasas a ser un paria desalmado. El cerebro y los pulmones no son comparables. En los pulmones no reside el instinto animal que sí reside en el cerebro.
O, también podemos decir, pasas de tener conciencia de ti, aunque sea en construcción, a tener conciencia de lo que has perdido, aunque solo sea una aproximación. Lo que pudieras llegara ser si no hubieras matado.
Eso es indeleble. No hay gen biológico que pueda taponar una herida como esa, por donde chorrea tu pasajera humanidad.
Así que, como bien dice el niño soldado de la imagen, una cosa ya bien sabes : que nunca, nunca, volverás al punto de partida, dónde estabas antes de ser armado. Cuando aún no habías saboreado el placer de matar.
Te lo aseguramos!!!
¡Anímate!