
Y cuando no se obtienen respuestas, y se acumulan las dudas… viene lo peor, aguantar con la carga de no saber qué sucede, y el por qué… ya que soso vemos una parte, normalmente muy pequeña, de la realidad. Hablamos ya largo y tendido, en general, de la necesidad de ver y observar… allí no nos referíamos a ninguna edad, solo al hecho de ser un humano (que mira).
Y es cuando se descubre, suelen avisar «los otros», que casi de repente no solo los animales irracionales tienen morros… el ser humano, sobre todo a cierta edad , descubre que ,también, tiene un morro morrocotudo.
Y más cuando se enfada. Sobre todo por NO SABER.
Y volvemos a repetirlo… Toda esta serie de entradas es como un preámbulo, para unir una serie de apreciaciones que podemos decir de unos preadolescentes en general… esta chica con morros de la imagen… con todas las crías humanas de su edad, que, en mayor o menor medida se sienten desatendidas por el estamento adulto… y de alguna forma tienen que mostrar su desacuerdo…
Incluso con formas de revuelta más o menos insensata… pero es que los responsables del desastre se llaman adultos… y, lo peor, tienen todos nombres y apellidos.





