
… la gente «muy perdida» (socialmente).
Pero nunca tan duras y crueles como las que rigen en un espacio tiempo doméstico, donde Hollywood nos colocó muy felices a las llamadas amas de casa. Aunque, las que las sufren, suelen decir que «no es para tanto». Incluso se consideran liberadas, por tener chachas y muchos regalos de sus adorados maridos.
El poderío teórico que les concede su semiesclavitud de casadas, es solo la burbuja de jabón, que el patriarcado ha hinchado, para mantener más fácilmente el Síndrome de Estocolmo Machista Clandestino. Algo que indicamos por aquí, como un pilar de la opresión de más de la mitad de los habitantes del planeta.
No hay demasiada diferencia entre un burdel y una casa burguesa. Aunque parezca lo contrario.Con el agravante de que el burdel «profesional» viene a ser una vía de escape, que ayuda sobremanera en el mantenimiento del burdel doméstico unipersonal.
Porque, hacer la calle es muy duro, pero hacer la cocina, el salón… y, sobre todo, la cama, y lo que ella conlleva, puede resultar algo mucho más duro. En cierto modo, viene a ser una variante de aquello contra lo que tanto luchó un tal Espartaco.
Y sí, llamadme exagerado, que, por suerte, nací macho y ya me enrolaron en las legiones romanas, para luchar desde el lado de los amos. Y en este aspecto, curiosamente, todos mis yos estamos de acuerdo.
¡Anímate!