Etiqueta: inteligencia emocional

  • Hay conductas DIVERSAS…

    Lo que si está claro, o debe estarlo, es que hay un variado tipo de conductas humanas. ¿Por qué a la cría humana le gustan los mimos, sí o sí, pero a la madre (o adulto, en general) pueden no gustarle?

    Porque la empatía viene marcada en el ADN, y por ende, las ganas de recibir caricias para sentir placer. Es lo poco/mucho que se puede recibir de bebé, un afecto que sea capaz de organizarle emocionalmente en su cerebro, aparte del dolor de los golpes que también le puedan dar… pero, entonces, no aparecen ganas de recibir más… eso también se aprende.

    La maduración es precisamente la capacidad de ir asumiendo, poco a poco pero cada vez más, la necesidad vital de sentir placer, con las caricias de mama. No solo de alimentarse vive la cría humana. El cariño es un tipo de nutriente mental, totalmente imprescindible.

    Y como por el cordón umbilical no se pueden transmitir ideas, que te vayan quitando sensibilidad emocional, el bebé es aún virgen en sustracciones emocionales. Esas las que se injertan con los genes sociales negativos : antipatía, adicción al displacer…

    Pero la madre es un adulto, y, por lo tanto, pudo sufrir ya muchos injertos, que ele fueron secando la fuente biológica de las emociones placenteras. La fueron convirtiendo en un cardo inhumano, incapaz de recibir las señales  afectivas de su hijo. Por lo que no podría aprender a responderlas. Esta sería otra versión (más cutre) para observar como la libertad del bebé puede estar en contra de la libertad (una amputación emocional, realmente) de la madre.

  • Y al hablar, nos podemos… AYUDAR!!!

    Necesitamos mirar y ver, para que no sean invisibles los pobres, por ejemplo. Pero no llega con mirar y ver, como tanto repetimos… y por muy bien que lo hagamos… hay que hablar con el OTRO!!! 

    Necesitamos hablar, primero con nosotros mismos (reflexionar sobre lo visto) y, luego, hablar con los demás : el que necesita ayuda y los otros humanos que puedan colaborar en esa ayuda. Y el habla es articular frases lógicas, que pasan información de unas mentes a otras. Incluso dentro del propio cerebro. Explican, por ejemplo, lo que estamos viendo y queremos que lo vean también otros humanos.

    El ADN nos prepara para ser empáticos y solidarios, s enos hace nataural el querere ayudar aotros seres shuamnos, sosbre todod siss son crías humanas. La SAD nos injerta los genes sociales negativos que apantallan nuestra capacidad de empatía, haciéndonos insolidarios y egoístas.

    Al final, puede que veamos al pobre, pero no sentimos la necesidad natural de ayudarlo. Porque tiene que actuar la inteligencia emocional, al analizar lo que estamos viendo.Ya que podemos pasar de él. Y, lo que es mucho peor, nuestra capacidad de lenguaje la podemos usar para meternos con él (llamándole vago, por ejemplo) y, al mismo tiempo, darnos excusas para dejarlo abandonado. Entonces vemos al pobre, pero no vemos la necesidad de ayudarle. Se puede ser muy inteeleigente (racionalamente) , pero taambién muy mamarracho.

    Así, nuestro comportamiento social, responderá a la iniciativa del ADN o a la iniciativa de la SAD. Y de eso, de intentar explicarlo, va la sociogenética.

  • Pero NO vivir… de cualquier MANERA

    Los replicantes de BR eran como zombis, robots humanos, dedicados a trabajar como esclavos en los «planetas del exterior»… ¿qué diferencia pueden tener con los mineros terrestres, por ejemplo, aparte de vivir (mal) durante toda una vida humana?

    Tampoco los mineros pueden estar contentos, en buena lógica, con lo que les han marcado «por vida».

    Y es que la sociogenética tiene mucho que decir, tanto social como genéticamente.

    ¿Por qué se dice, que el hijo del minero «será minero»?

    Y, ¿por qué las emociones vitales, que no sean negativas (ira, odio…), suelen estar borradas en la vida de un minero?

  • Porque VER es algo así como montar…

    … un puzzle de mediana dificultad.

    Puede que nunca viéramos lo que vamos a ver, pero sí tenemos seguro, si no estuvimos rascándonos la barriga durante la infancia, una ligera idea de algunas cosas que conforman ese puzzle visual. Hay piezas que nos resultan más conocidas que otras. Porque siempre hay parecidos, por lo que podemos alcanzar a ver elementos desconocidos, a partir de otros que ya vimos antes.

    Aún no tenemos su imagen en la memoria, pero podemos ir experimentando situaciones de encaje, simplemente por ensayo y error. Allí donde encaja, nos lo dirá «visiblemente». Y donde no encaja también, aunque necesitemos estar muy despiertos mirando. Poner mucha atención en la difícil tarea de ver.

    Y estamos con eso : el filtro de las emociones.

    Porque al mirar algo, podemos tener un choque de trenes emocionales de mucho cuidado. Por un lado se viene el tren bien cargadito de las emociones que nos llevan a querer ver determinada cosa. Por ejemplo, el cuerpo de nuestro hijo aún vivo… en un atentado. Esas son la emociones que nos hacen «ver» vivo al hijo…

    Pero por el otro, el tren viene cargadito con las emociones, que nos ofuscan el entendimiento y no no nos dejan ver cosas importantes, para, por ejemplo, buscar al culpable del atentado. Y así es como el puzzle se nos complica. ¡Y mucho!

  • Todo «eso» (de las emociones)hace muy complejo el proceso…

    … de ver bien lo que se mira.

    Hay que aprender a mirar, para aprender a ver. Desde que nacemos y se abren los ojos, es preciso estar atentos a todo lo que nos rodea. Y no solo a mamá, por muy esencial que sea en eses momentos.

    Y por eso, «bendita curiosidad». Sin ella el proceso imprescindible de aprendizaje sería algo imposible. Necesitamos sentir curiosidad por algo, para que ese algo se haga objeto de nuestra mirada y posterior visión.

    Por ese motivo fracasa mucho profesorado. Porque no son conscientes (no quieren?) de que, mientras no consigan la atención de su alumnado, todo lo demás sobra.

    Lo primero e imprescindible, en la interacción con el alumnado, es derribar el muro de desconfianza que trae adherido la cría humana, cuando se le pone delante la autoridad de un profe. Y si este es autoritario, por mínimo que sea, entonces el muro será impenetrable. No se podrá ver nada detrás de él. Y, lo que es mucho peor, el adulto docente, ni cuenta se dará del muro que acaba de construir.

    En ese caso «de muro en el aula», el acto educativo ni empezar puede. Las emociones positivas que deben intervenir en él, están completamente frenadas. Y derivan en emociones básicamente negativas («no me quiere atender»…).

  • Y es que las emociones cuentan y, a veces,

    …determinan lo que vemos.

    Porque conviene siempre tener en cuenta lo siguiente : «ah, qué fácil es mirar (y a veces ni eso), pero que difícil es ver…». Y sí, somos muy pesados. Porque mirar flores es una cosa, pero mirar humanos es otra muy diferente. Sean bellos o considerados feos, los seres humanos tienen capacidades muy superiores a las que tienen las flores más complejas de un jardín. Y, por ese motivo, cuando son despreciadas, supone un tipo de maltrato muy superior al que puede sufrir cualquier flor.

    ¿Cómo podemos hacer para ver lo que no resulta fácil de ver? E incluso lo que no podemos ver, si nos falta una parte importante de información, sobre lo «visto».

    ¿Qué nos puede decir la imagen, si nunca hemos visto a un adolescente abatido? O, como mínimo, un adolescente lisa y llanamente. En este caso, ¿qué nos dice la capucha puesta, por ejemplo? O, ¿qué leemos en el hecho de estar sentado en el rincón de algún espacio «enladrillado»?

    Porque… ¿hasta qué punto queremos ver que nuestra hija se halla sumida en un pozo que, para colmo, puede ser de los que no tienen fondo? Y mucho peor si ese pozo, de alguna manera, lo hemos provocado nosotros. Y aunque el pozo se vista de seda (negra), y suponga poner un velo que te cubre la cara, porque dicen que un dios así lo manda.

    Por mucho que miremos «para esa esquina», ni veremos esquina, ni veremos depresión e, incluso, no querremos ver a nuestra hija, tapada por esa capucha «de camuflaje». Como tampoco queremos ver (algunos) la cara tapada de una mujer (o un hombre). Y es que ver, observar con la mayor calma posible, supone dejar fuera de uso el Gran Filtro de la Emociones… ya que nos va a perjudicar la visión de una determinada realidad… al contaminarla profusamente con datos muy intensos, que pueden ser muy reales, pero que nos impiden ser objetivos. Por ejemplo, cuando calificamos por igual, un velo que tapa la cabeza con un velo que tapa la cara. O un adolescente que va de incógnito, con un adolescente que va deprimido. El contexto es muy muy importante.