
… son los más fáciles de saltar.
Porque en nuestro ADN nos vienen marcadas diversas capacidades, para analizar lo que vemos. Y ya hablamos del problema que supone que «veamos» alucinaciones y las integremos en el cerebro, como si fueran auténticas realidades.
Una vez observado el muro, solo hay que buscar las herramientas, esos filtros propios, que el ADN nos hizo madurar en nuestro cerebro. Si no estuvimos perdiendo el tiempo. Son los que nos dan la capacidad de ver los puntos débiles del muro : dónde es más fácil agarrarse, la posibilidad de gateo, como cuando eramos cuadrúpedos. Así mismo nos permiten prever que puede valer la pena, lo que nos espera detrás del muro, sobre todo si «a este lado» no podemos sobrevivir. Y, además, nos ayudan a incrementar la capacidad de sufrimiento, para soportar mejor el dolor, que supone rascarse la piel con el granito (o lo que sea) del muro.
Porque tenemos marcada la fecha para morir, pero nunca antes de que se cumpla la fecha de caducidad que nuestro ADN tiene marcada. Salvo que tengamos muy mala suerte (si eso existe!).
No somos especialmente competitivos los humanos. Por ejemplo, para competir con la muerte, como el caballero bermangniano. Lo que sí tenemos muy claro, es que antes morir que dejar de intentarlo.
Necesitamos ir siempre adelante. Está escrito en nuestro ADN.
¡Anímate!